7/01/2017, 20:13
Fue un momento de tensión pero finalmente la musculatura de Akame cedió y el kunai de metal quedó en manos del calvo, que tiempo después, en el camino a la Finca, se lo devolvería no sin antes una mirada un poco reprobatoria. Por lo menos había conseguido lo que haría: el viejo estaba sano y salvo y Akame decidió que no era correcta entrar en conflictos en un momento cómo eso.
«O tal vez...- se regocijó un poco el calvo-...no quería entrar en problemas conmigo en especial. ¿Qué idea equivocada tendrá de mí y de mis posibles habilidades?
No eran cosas muy reales las que pensaba el calvo, muchas suposiciones e inventos suyos típicos de él para matar el tiempo mientras llegaban a la Finca en silencio. Había veces que hasta terminaba riéndose de las cosas que se creaba en la cabeza para entretenerse.
Cuestión que sin darse cuenta en un pispás habían dejado la casa pequeña del anciano para adentrarse en los grandes jardines de la casa en la colina, la Finca Makoto. Traspasaron la verja metálica que la rodeaba, con un agudo chirrido que generó la puerta de esta, y recorrieron el recto pasillo que llevaba a la entrada principal cruzando la parte verde y arbórea de la residencia. Llegaron al umbral que separaba el interior con su oposición solo para darse cuenta que cada entrada posible, ventanas y puerta, estaban cerradas.
«No quedará otra que entrar a la fuerza, creo yo»
No pudo decirlo sin antes ver a su compañero Datsue en acción. Solo unos pasos y una palabras lo separaron de su posición hasta la cerradura. El calvo esperó, curioso de lo que podría ocurrir, dejando la idea de romper a puñetazos la madera. Aunque no se hizo desear, y más pronto que tarde se presenció un sonoro Clic que los tres entendieron. Sin saber cómo lo había hecho, Karamaru miró con asombro al shinobi de Taki. Si antes estaba entusiasmado, ahora no lo podría ni describir.
Muy bien, allá vamos.- El cenobita puso una mano en cada lado de la puerta y empujó hacia el frente esperando que se movieran y les dejarán paso a los shinobi para ir en busca del asesino.
«O tal vez...- se regocijó un poco el calvo-...no quería entrar en problemas conmigo en especial. ¿Qué idea equivocada tendrá de mí y de mis posibles habilidades?
No eran cosas muy reales las que pensaba el calvo, muchas suposiciones e inventos suyos típicos de él para matar el tiempo mientras llegaban a la Finca en silencio. Había veces que hasta terminaba riéndose de las cosas que se creaba en la cabeza para entretenerse.
Cuestión que sin darse cuenta en un pispás habían dejado la casa pequeña del anciano para adentrarse en los grandes jardines de la casa en la colina, la Finca Makoto. Traspasaron la verja metálica que la rodeaba, con un agudo chirrido que generó la puerta de esta, y recorrieron el recto pasillo que llevaba a la entrada principal cruzando la parte verde y arbórea de la residencia. Llegaron al umbral que separaba el interior con su oposición solo para darse cuenta que cada entrada posible, ventanas y puerta, estaban cerradas.
«No quedará otra que entrar a la fuerza, creo yo»
No pudo decirlo sin antes ver a su compañero Datsue en acción. Solo unos pasos y una palabras lo separaron de su posición hasta la cerradura. El calvo esperó, curioso de lo que podría ocurrir, dejando la idea de romper a puñetazos la madera. Aunque no se hizo desear, y más pronto que tarde se presenció un sonoro Clic que los tres entendieron. Sin saber cómo lo había hecho, Karamaru miró con asombro al shinobi de Taki. Si antes estaba entusiasmado, ahora no lo podría ni describir.
Muy bien, allá vamos.- El cenobita puso una mano en cada lado de la puerta y empujó hacia el frente esperando que se movieran y les dejarán paso a los shinobi para ir en busca del asesino.
"El miedo es el camino al lado oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira al odio, el odio al sufrimiento, y el sufrimiento al lado oscuro"
-Maestro Yoda.
◘ Hablo ◘ Pienso ◘
-Maestro Yoda.
◘ Hablo ◘ Pienso ◘
