15/01/2017, 00:47
—Una vez más... —murmuró Ayame para sí, sacando el cuarto shuriken.
Respiró hondo, flexionó ligeramente las rodillas y fijó sus ojos en el centro de la diana. Estaba lista para lanzar el arma, y estaba segura de que aquella vez lo conseguiría. Tenía que hacerlo. Retrajo el brazo hasta la altura de su oreja y entonces...
—¡Hey, paren de pelear!
—¡Ah!
El susto le hizo soltar el shuriken de golpe, el metal arañó su dedo índice y el arma trazó una ridícula parábola hacia arriba, antes de caer y rebotar en la hierba. Ayame se volvió hacia el origen de aquella voz con un brinco. En un principio se le había antojado terriblemente familiar, como si hubiese sido su hermano mayor el que hubiese gritado de aquella manera. Pero aquella expresividad no sería algo propio de alguien tan frío como Kōri, y desde luego la persona que se encontraba allí no era nada parecido a él. Aquel chico debía de tener más o menos su misma edad, pero era notablemente más alto que ella. Tenía los ojos oscuros y pelo lo llevaba peinado hacia atrás, sujeto por la bandana de metal que le identificaba somo shinobi de Amegakure y que tan orgulloso lucía.
—Esto...
Ayame, confundida, miró a su alrededor. En aquel lugar no había nadie más que ellos dos, y el único oponente con el que podría estar peleando era el árbol con la diana pintada y con el que estaba practicando.
—Creo... que se ha equivocado. Aquí no hay nadie peleando. Sólo estoy practicando con los shuriken —explicó, mientras, avergonzada, se paseaba por el lugar recogiendo las diferentes armas que ahora salpicaban el terreno. Todas fruto de lanzamientos fallidos.
Respiró hondo, flexionó ligeramente las rodillas y fijó sus ojos en el centro de la diana. Estaba lista para lanzar el arma, y estaba segura de que aquella vez lo conseguiría. Tenía que hacerlo. Retrajo el brazo hasta la altura de su oreja y entonces...
—¡Hey, paren de pelear!
—¡Ah!
El susto le hizo soltar el shuriken de golpe, el metal arañó su dedo índice y el arma trazó una ridícula parábola hacia arriba, antes de caer y rebotar en la hierba. Ayame se volvió hacia el origen de aquella voz con un brinco. En un principio se le había antojado terriblemente familiar, como si hubiese sido su hermano mayor el que hubiese gritado de aquella manera. Pero aquella expresividad no sería algo propio de alguien tan frío como Kōri, y desde luego la persona que se encontraba allí no era nada parecido a él. Aquel chico debía de tener más o menos su misma edad, pero era notablemente más alto que ella. Tenía los ojos oscuros y pelo lo llevaba peinado hacia atrás, sujeto por la bandana de metal que le identificaba somo shinobi de Amegakure y que tan orgulloso lucía.
—Esto...
Ayame, confundida, miró a su alrededor. En aquel lugar no había nadie más que ellos dos, y el único oponente con el que podría estar peleando era el árbol con la diana pintada y con el que estaba practicando.
—Creo... que se ha equivocado. Aquí no hay nadie peleando. Sólo estoy practicando con los shuriken —explicó, mientras, avergonzada, se paseaba por el lugar recogiendo las diferentes armas que ahora salpicaban el terreno. Todas fruto de lanzamientos fallidos.

![[Imagen: kQqd7V9.png]](https://i.imgur.com/kQqd7V9.png)