22/01/2017, 02:04
—Pues... acababa de terminar unos asuntos... paseaba a casa... y aquí estoy —respondió él, con total normalidad.
Aunque a Ayame no terminó de convencerle la respuesta, y así lo demostró ladeando ligeramente el rostro con una de sus cejas alzadas. Sin embargo, no añadió nada más al respecto y el recién llegado no tardó en cambiar el rumbo de la conversación alzando su brazo hacia ella. El destello de su propio shuriken llamó la atención de los ojos de Ayame.
—Si no es mucha molestia... ¿Podría ver otro lanzamiento? —preguntó, y ella torció el gesto ligeramente.
Nerviosa, intercambió el peso de su cuerpo de una pierna a otra mientras sopesaba sus opciones con cuidado. ¿Acaso quería verla quedar en ridículo para burlarse de ella?
—Bueno... —farfulló, ajustándose la cinta de tela aún más sobre la frente. No estaba del todo convencida, pero aún así tomó el shuriken que le estaba ofreciendo. Su propio shuriken. Se dio media vuelta y volvió a colocarse en la misma posición que antes, a unos cinco metros delante de la diana que había dibujado sobre el tronco del pino. Sin embargo, antes de realizar ningún movimiento, volvió ligeramente la cabeza hacia él—. Pero no vale reírse...
Se giró de nuevo y respiró hondo un par de veces. Concentrada, fijó sus ojos en el centro de la diana, flexionó ligeramente las rodillas y echó el brazo hacia atrás. Con un movimiento de su brazo en arco lanzó el shuriken, y la estrella de metal cortó el aire con su característico sonido. Parecía que aquella vez se movía en línea recta hacia su objetivo...
Pero Ayame gimió para sus adentros cuando en el último momento el shuriken giró su trayectoria y terminó clavándose un par de metros por encima de su objetivo.
Un nuevo fracaso.
—Jo... —se lamentó, con los hombros caídos.
Despacio, muy despacio, giró la cabeza con timidez hacia el chico, esperando ver en sus ojos cualquier mínimo rastro de burla...
Aunque a Ayame no terminó de convencerle la respuesta, y así lo demostró ladeando ligeramente el rostro con una de sus cejas alzadas. Sin embargo, no añadió nada más al respecto y el recién llegado no tardó en cambiar el rumbo de la conversación alzando su brazo hacia ella. El destello de su propio shuriken llamó la atención de los ojos de Ayame.
—Si no es mucha molestia... ¿Podría ver otro lanzamiento? —preguntó, y ella torció el gesto ligeramente.
Nerviosa, intercambió el peso de su cuerpo de una pierna a otra mientras sopesaba sus opciones con cuidado. ¿Acaso quería verla quedar en ridículo para burlarse de ella?
—Bueno... —farfulló, ajustándose la cinta de tela aún más sobre la frente. No estaba del todo convencida, pero aún así tomó el shuriken que le estaba ofreciendo. Su propio shuriken. Se dio media vuelta y volvió a colocarse en la misma posición que antes, a unos cinco metros delante de la diana que había dibujado sobre el tronco del pino. Sin embargo, antes de realizar ningún movimiento, volvió ligeramente la cabeza hacia él—. Pero no vale reírse...
Se giró de nuevo y respiró hondo un par de veces. Concentrada, fijó sus ojos en el centro de la diana, flexionó ligeramente las rodillas y echó el brazo hacia atrás. Con un movimiento de su brazo en arco lanzó el shuriken, y la estrella de metal cortó el aire con su característico sonido. Parecía que aquella vez se movía en línea recta hacia su objetivo...
Pero Ayame gimió para sus adentros cuando en el último momento el shuriken giró su trayectoria y terminó clavándose un par de metros por encima de su objetivo.
Un nuevo fracaso.
—Jo... —se lamentó, con los hombros caídos.
Despacio, muy despacio, giró la cabeza con timidez hacia el chico, esperando ver en sus ojos cualquier mínimo rastro de burla...

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