23/03/2017, 01:22
(Última modificación: 29/07/2017, 01:44 por Amedama Daruu.)
—¿Eh? ¿A Ayame? ¿A tu hermana Ayame? No, no, ¡qué va! ¡No le he visto ni un pelo, jejeje! Nada de nada —balbuceó Daruu, de una forma nada convincente. Estaba nervioso, se le notaba a las mil leguas, y ni mucho menos era por la gente que les observaba en silencio y reía. Toda aquella parafernalia del cumpleaños era demasiado sospechosa—. ¿Por qué, ha pasado... ha pasado algo?
Kōri no respondió enseguida. Rompió el contacto visual con Daruu y apartó la taza de chocolate a un lado. Demasiado caliente para su gusto. Demasiado empalagoso. Volvió a asestarle un mordisco al bollito de vainilla.
—Ha huido de casa. Y temo que haga alguna tontería de las suyas —comentó, con aquella frialdad tan característica—. Además, mi padre está comenzando a ponerse nervioso —añadió, con lentitud calmada, haciendo un verdadero inciso en aquella última palabra.
Alzó de nuevo la mirada, y sus ojos volvieron a clavarse como dos puñales en el rostro de Daruu.
—¿Estás seguro de que no la has visto?
Kiroe llegó con la fregona a la cocina y la estrujó contra las baldosas. El agua cayó con una sonora salpicadura al suelo y casi de inmediato se revolvió y giró sobre sí misma hasta formar la figura de una Ayame sentada en el suelo que miraba a su alrededor confundida.
Aquello había sido lo más extraño que le había ocurrido nunca. ¿En qué momento podría decir que había sido fregada con una fregona? ¿Y cómo había acabado así?
—Ya me lo agradeceréis más tarde, Ayame-chan. Así que... —canturreó la mujer, y en el momento en el que se ruborizó y comenzó a juguetear con un mechón de pelo, Ayame se dio cuenta de que acababa de salir de un fregado para meterse en otro—. Así que te gusta mi hijo, ¿eh?
—E... Eh... ¿Q...? ¡¿Qué?!
—Si es que siempre he pensado que haríais buena pareja. Pero, ¡tan pronto! No me lo esperaba, la verdad.
—N... no... y... yo... —Ayame se reincorporó como si acabara de recibir un calambrazo en el culo.
—¡Que sepas que tienes toda mi aprobación! —continuaba charlateando, haciendo caso omiso a los débiles balbuceos de Ayame, que miraba a su alrededor con angustiada desesperación buscando una salida. Pero tras la puerta de la cocina se encontraba su hermano mayor... ¿A quién prefería enfrentarse? ¿En qué momento había pasado de una huida a un interrogatorio?—. Y no deberías huir de tu padre por eso. Sé que no se lo va a tomar a bien, ¡pero Daruu es un trozo de pan! Se acostumbrará, tendrá que hacerlo. ¡Debéis luchar por lo vuestro! ¡Como en una peli romántica!
—¡Se equivoca! —exclamó, y casi de inmediato se arrepintió de haber alzado de aquella manera la voz—. Yo... lo siento... Daruu-san es muy simpático pero... no estoy huyendo de papá por eso... —balbuceó, con un hilo de voz.
Inquieta, y sin saber muy bien cómo actuar, desplazó el peso de su cuerpo de una pierna a otra mientras sus manos jugueteaban entre sí y sus ojos continuaban buscando una salida que no la condenara a un nuevo problema.
Quizás la cocina tendría alguna ventana por la que podría...
Kōri no respondió enseguida. Rompió el contacto visual con Daruu y apartó la taza de chocolate a un lado. Demasiado caliente para su gusto. Demasiado empalagoso. Volvió a asestarle un mordisco al bollito de vainilla.
—Ha huido de casa. Y temo que haga alguna tontería de las suyas —comentó, con aquella frialdad tan característica—. Además, mi padre está comenzando a ponerse nervioso —añadió, con lentitud calmada, haciendo un verdadero inciso en aquella última palabra.
Alzó de nuevo la mirada, y sus ojos volvieron a clavarse como dos puñales en el rostro de Daruu.
—¿Estás seguro de que no la has visto?
...
Kiroe llegó con la fregona a la cocina y la estrujó contra las baldosas. El agua cayó con una sonora salpicadura al suelo y casi de inmediato se revolvió y giró sobre sí misma hasta formar la figura de una Ayame sentada en el suelo que miraba a su alrededor confundida.
Aquello había sido lo más extraño que le había ocurrido nunca. ¿En qué momento podría decir que había sido fregada con una fregona? ¿Y cómo había acabado así?
—Ya me lo agradeceréis más tarde, Ayame-chan. Así que... —canturreó la mujer, y en el momento en el que se ruborizó y comenzó a juguetear con un mechón de pelo, Ayame se dio cuenta de que acababa de salir de un fregado para meterse en otro—. Así que te gusta mi hijo, ¿eh?
—E... Eh... ¿Q...? ¡¿Qué?!
—Si es que siempre he pensado que haríais buena pareja. Pero, ¡tan pronto! No me lo esperaba, la verdad.
—N... no... y... yo... —Ayame se reincorporó como si acabara de recibir un calambrazo en el culo.
—¡Que sepas que tienes toda mi aprobación! —continuaba charlateando, haciendo caso omiso a los débiles balbuceos de Ayame, que miraba a su alrededor con angustiada desesperación buscando una salida. Pero tras la puerta de la cocina se encontraba su hermano mayor... ¿A quién prefería enfrentarse? ¿En qué momento había pasado de una huida a un interrogatorio?—. Y no deberías huir de tu padre por eso. Sé que no se lo va a tomar a bien, ¡pero Daruu es un trozo de pan! Se acostumbrará, tendrá que hacerlo. ¡Debéis luchar por lo vuestro! ¡Como en una peli romántica!
—¡Se equivoca! —exclamó, y casi de inmediato se arrepintió de haber alzado de aquella manera la voz—. Yo... lo siento... Daruu-san es muy simpático pero... no estoy huyendo de papá por eso... —balbuceó, con un hilo de voz.
Inquieta, y sin saber muy bien cómo actuar, desplazó el peso de su cuerpo de una pierna a otra mientras sus manos jugueteaban entre sí y sus ojos continuaban buscando una salida que no la condenara a un nuevo problema.
Quizás la cocina tendría alguna ventana por la que podría...