26/04/2017, 20:07
«Ah, así que por eso era la mirada perdida en dirección al borracho. Tocamos fibra sensible aquí», pensó el Uchiha al darse cuenta del tema que había sacado a colación. No es que se sintiese particularmente mal por Eri —Akame pensaba, como su maestra, que el buen ninja debía intentar siempre despojarse de su pasado, que sólo era una carga—, pero en aquel contexto no quería arriesgarse a molestar a la kunoichi y minar su confianza en él. Así que, mientras ella se colocaba la bandana de nuevo, el Uchiha ideó un cambio de estrategia.
Justo en ese momento, el mesero pasó junto a ellos a toda velocidad, dejando sobre su mesa una taza de barro humeante y una jarra del mismo material, repleta de agua. Con un quiebro dejó caer, hábilmente, un vaso de cristal justo en frente de Eri. Pese a su corta edad, parecía que el chico tenía ya sobrada experiencia en la materia.
—¿Eri-san? —preguntó, inocente—. ¿Por qué quisiste convertirte en una kunoichi?
Poco después, algo llamó la atención del Uchiha.
—¡Ah, por fin, la cena! —exclamó Akame cuando vio al chico rubio salir de detrás de la barra, por la puerta que de seguro daba a las cocinas, llevando sendos platos en sus manos.
El mesero volvió a dejarles, con rapidez y precisión, dos tazones de humeante y delicioso estofado de carne con verduras y fideos. El aroma que despedían era, sencillamente, demasiado apetitoso como para que Akame pudiese resistirse a él tras un largo y duro día de viaje. Haciendo una breve inclinación de cabeza hacia su compañera, el Uchiha tomó los palillos que el chico rubio les había dado junto a los tazones y empezó a devorar el suyo con ansia.
Justo en ese momento, el mesero pasó junto a ellos a toda velocidad, dejando sobre su mesa una taza de barro humeante y una jarra del mismo material, repleta de agua. Con un quiebro dejó caer, hábilmente, un vaso de cristal justo en frente de Eri. Pese a su corta edad, parecía que el chico tenía ya sobrada experiencia en la materia.
—¿Eri-san? —preguntó, inocente—. ¿Por qué quisiste convertirte en una kunoichi?
Poco después, algo llamó la atención del Uchiha.
—¡Ah, por fin, la cena! —exclamó Akame cuando vio al chico rubio salir de detrás de la barra, por la puerta que de seguro daba a las cocinas, llevando sendos platos en sus manos.
El mesero volvió a dejarles, con rapidez y precisión, dos tazones de humeante y delicioso estofado de carne con verduras y fideos. El aroma que despedían era, sencillamente, demasiado apetitoso como para que Akame pudiese resistirse a él tras un largo y duro día de viaje. Haciendo una breve inclinación de cabeza hacia su compañera, el Uchiha tomó los palillos que el chico rubio les había dado junto a los tazones y empezó a devorar el suyo con ansia.