2/05/2017, 21:30
(Última modificación: 29/07/2017, 02:32 por Amedama Daruu.)
El muchacho se vistió con el delantal para no mancharse el uniforme, y accedió a ayudar a su madre. Era un día particularmente difícil en la Pastelería de Kiroe-chan, y de todos modos estaba tomándose un descanso en el entrenamiento. Así pues, cogió la bandeja y empezó a tomar comandas y a servir pasteles, helados, batidos, chocolates y cafés.
No sabía a santo de qué había sido una mañana tan transitada por allí, pero cuando se acabó el alboroto y no había casi nadie, prácticamente por inercia Daruu siguió con su trabajo. Ahora no había nadie, y su madre salió de la cocina con un par de bolsas de la compra vacías.
—Ya que te veo con ganas, ¿por qué no te quedas mientras yo voy a hacer unas compras? —dijo, en ese tono que significa claramente te ordeno que te quedes aquí, y no se te ocurra decirme que no, pero sin perder la sonrisa—. ¿Vale?
—Vale, mamá. —Y en realidad, no le importaba. Como he dicho, seguiría trabajando allá casi por inercia. Además, actualmente la cafetería estaba vacía. Por otra parte, todo el mundo sabe que cuesta más empezar y dejar de hacer algo que continuar haciéndolo, de modo que se dejó llevar.
Al cabo de un rato, después de la hora del almuerzo, entró Mogura-san, un antiguo compañero suyo de academia. No habían hablado mucho, pero no le caía especialmente mal. Era un joven muy formal, serio. No podía decir que se llevaban bien, tampoco. Pero si algo sabía, es que a esa hora, siempre que venía, se pedía un buen trozo de pastel de fresa. De modo que Amedama Daruu empezó a cortar un trozo metódicamente y a colocarlo en un platillo pequeño.
Cuando tomó asiento, el muchacho se dirigió hacia la mesa y le puso el plato en frente. Hizo una pequeña y breve reverencia de saludo.
—Saludos, Mogura-san —se introdujo—. ¿Pastel de fresa, como siempre? ¿Quieres algo más?
No sabía a santo de qué había sido una mañana tan transitada por allí, pero cuando se acabó el alboroto y no había casi nadie, prácticamente por inercia Daruu siguió con su trabajo. Ahora no había nadie, y su madre salió de la cocina con un par de bolsas de la compra vacías.
—Ya que te veo con ganas, ¿por qué no te quedas mientras yo voy a hacer unas compras? —dijo, en ese tono que significa claramente te ordeno que te quedes aquí, y no se te ocurra decirme que no, pero sin perder la sonrisa—. ¿Vale?
—Vale, mamá. —Y en realidad, no le importaba. Como he dicho, seguiría trabajando allá casi por inercia. Además, actualmente la cafetería estaba vacía. Por otra parte, todo el mundo sabe que cuesta más empezar y dejar de hacer algo que continuar haciéndolo, de modo que se dejó llevar.
Al cabo de un rato, después de la hora del almuerzo, entró Mogura-san, un antiguo compañero suyo de academia. No habían hablado mucho, pero no le caía especialmente mal. Era un joven muy formal, serio. No podía decir que se llevaban bien, tampoco. Pero si algo sabía, es que a esa hora, siempre que venía, se pedía un buen trozo de pastel de fresa. De modo que Amedama Daruu empezó a cortar un trozo metódicamente y a colocarlo en un platillo pequeño.
Cuando tomó asiento, el muchacho se dirigió hacia la mesa y le puso el plato en frente. Hizo una pequeña y breve reverencia de saludo.
—Saludos, Mogura-san —se introdujo—. ¿Pastel de fresa, como siempre? ¿Quieres algo más?
![[Imagen: K02XwLh.png]](https://i.imgur.com/K02XwLh.png)