2/06/2017, 04:40
(Última modificación: 2/06/2017, 04:40 por Uchiha Datsue.)
Aquella mañana era tan calurosa como solo un día veraniego podía serlo. El sol apenas asomaba por el horizonte, pero el ambiente estaba seco y cargado, como si fuese la diosa Amateratsu quien, soplando, produjese aquel viento sofocante.
El Uchiha siempre había preferido el frío al calor, y sufría cuando las temperaturas se elevaban demasiado. A decir verdad, en aquel aspecto era tan delicado como cualquier Ameriense, acostumbrados a la lluvia y climas más frescos. Por eso, aparte de su habitual pantalón corto y su camiseta de cuello abierto, con las mangas enrolladas casi hasta la altura de los hombros, llevaba en su mano un vaso enorme con granizado de limón. Daba pequeños y medidos sorbos de una pajita, tratando de que le durase lo máximo posible.
—¡Datsue! —exclamó el capitán, desplazándose al castillo de proa—. ¿¡Dónde demonios se ha metido tu muchacho!?
El Uchiha, apoyado en la barandilla de la proa, desvió la mirada hacia el embarcadero. Pese a ser la primera hora de la mañana, aquello era un bullicio de gente desplazándose de un lado para otro, con mercancías de todo tipo entre sus manos. Los navíos se arremolinaban a lo largo del embarcadero, cuyo destino principal era las Islas del Té.
No para aquél.
El barco en el que se encontraba Datsue no era el más llamativo o grande, sino más bien todo lo contrario. Pequeño, pensado para el transporte de mercancías más que para turistas. De hecho, Datsue había visto como habían ido llenando la bodega de cofres y barriles.
En un lado del barco, pintado de blanco, unas letras daban nombre al navío:
—¡No puedo demorarme más, Datsue! ¿Me oyes? —exclamaba, mientras no paraba de dar vueltas sobre el sitio, como un perro enjaulado. Era un tipo gordo, de cabellos negros y rizados, que le llegaban hasta los hombros, y ataviado con una camisa blanca y unos pantalones holgados. Los zapatos eran… de ningún modo, pues iba descalzo, enseñando unas uñas negras y peligrosamente largas.
—¿A qué hora te dije que estaría? —preguntó, el Uchiha.
—¡Nada más terminase de salir el sol! —exclamó indignado.
—Ah, entonces debe estar al caer. ¡Fíjate en eso! —el Uchiha señaló el sol, que sobresalía por la izquierda del barco. Hacía tan solo unos segundos, el astro todavía no mostraba su circunferencia perfecta. Pero ahora…—. Verás, amigo. Has de saber una cosa de Uchiha Akame —dijo, con voz solemne, mientras su dedo, todavía en el aire, trazaba un arco para dirigirse al pie del embarcadero...
»Él es…
El Uchiha siempre había preferido el frío al calor, y sufría cuando las temperaturas se elevaban demasiado. A decir verdad, en aquel aspecto era tan delicado como cualquier Ameriense, acostumbrados a la lluvia y climas más frescos. Por eso, aparte de su habitual pantalón corto y su camiseta de cuello abierto, con las mangas enrolladas casi hasta la altura de los hombros, llevaba en su mano un vaso enorme con granizado de limón. Daba pequeños y medidos sorbos de una pajita, tratando de que le durase lo máximo posible.
—¡Datsue! —exclamó el capitán, desplazándose al castillo de proa—. ¿¡Dónde demonios se ha metido tu muchacho!?
El Uchiha, apoyado en la barandilla de la proa, desvió la mirada hacia el embarcadero. Pese a ser la primera hora de la mañana, aquello era un bullicio de gente desplazándose de un lado para otro, con mercancías de todo tipo entre sus manos. Los navíos se arremolinaban a lo largo del embarcadero, cuyo destino principal era las Islas del Té.
No para aquél.
El barco en el que se encontraba Datsue no era el más llamativo o grande, sino más bien todo lo contrario. Pequeño, pensado para el transporte de mercancías más que para turistas. De hecho, Datsue había visto como habían ido llenando la bodega de cofres y barriles.
En un lado del barco, pintado de blanco, unas letras daban nombre al navío:
«La Pequeña Blanca»
—¡No puedo demorarme más, Datsue! ¿Me oyes? —exclamaba, mientras no paraba de dar vueltas sobre el sitio, como un perro enjaulado. Era un tipo gordo, de cabellos negros y rizados, que le llegaban hasta los hombros, y ataviado con una camisa blanca y unos pantalones holgados. Los zapatos eran… de ningún modo, pues iba descalzo, enseñando unas uñas negras y peligrosamente largas.
—¿A qué hora te dije que estaría? —preguntó, el Uchiha.
—¡Nada más terminase de salir el sol! —exclamó indignado.
—Ah, entonces debe estar al caer. ¡Fíjate en eso! —el Uchiha señaló el sol, que sobresalía por la izquierda del barco. Hacía tan solo unos segundos, el astro todavía no mostraba su circunferencia perfecta. Pero ahora…—. Verás, amigo. Has de saber una cosa de Uchiha Akame —dijo, con voz solemne, mientras su dedo, todavía en el aire, trazaba un arco para dirigirse al pie del embarcadero...
»Él es…
![[Imagen: ksQJqx9.png]](https://i.imgur.com/ksQJqx9.png)
¡Agradecimientos a Daruu por el dibujo de PJ y avatar tan OP! ¡Y a Reiji y Ayame por la firmaza! Si queréis una parecida, este es el lugar adecuado