29/06/2017, 19:51
En el Valle de los Dojos estaba aconteciéndose un hito histórico, tan extraordinario como insólito. No se trataba del sol, que insuflado por la energía de Amateratsu se había propuesto reventar los termómetros y romper todos los récords de temperatura. Ni del torneo, donde las tres grandes aldeas ninja reunían por primera vez a sus gennins para algo que no fuese el examen chunnin. No, se trataba de un joven Uchiha, de cabellos recogidos en un moño y camisa remangada, tan vago como un Kusareño hibernando en invierno, y que se encontraba…
… entrenando.
Quizá para un observador foráneo, aquel hecho fuese de lo más común. No para los que conocían a Datsue. No para los que sabían que algo muy gordo debía estar rondándole por la cabeza para molestarse en tales minucias, según él le llamaba.
—Trescientos cuarenta y un mil pasos. Trescientos cuarenta y dos mil. Trescientos cuarenta y tres mil… —Como siempre hacía las pocas veces que se molestaba en correr, el Uchiha contaba los pasos de mil en mil, para sentirse mejor con su pésima forma física cuando caía derrotado de rodillas contra el suelo. Había optado por atar alrededor de la cabeza su camisa, en una improvisada visera que le protegiese, en parte, del abrasador sol. Su torso desnudo estaba encharcado en sudor, y el Uchiha había empezado a trotar con la cabeza echada hacia adelante, en un claro síntoma de agotamiento.
Sus ojos ya no eran capaces de mantenerse en alto. Lo único que veía era el suelo, bamboleándose de un lado a otro ante sus pasos. ¿O era él quien se bamboleaba? De pronto la superficie se volvió agresiva contra su persona. Ya no era lisa y perfecta, sino que se elevó en una trampa mortal llamada escaleras. El Uchiha salvó el primer escalón, medio tropezó con el segundo, y ya con el tercero se dio de bruces contra la extraña plataforma blanca a la que había subido.
En un último esfuerzo, giró sobre sí mismo, quedando boca arriba con los brazos en perpendicular y la camisa sobre su rostro, y emitió un último suspiro de moribundo:
—Trescientos cincuenta y dos mil...
… entrenando.
Quizá para un observador foráneo, aquel hecho fuese de lo más común. No para los que conocían a Datsue. No para los que sabían que algo muy gordo debía estar rondándole por la cabeza para molestarse en tales minucias, según él le llamaba.
—Trescientos cuarenta y un mil pasos. Trescientos cuarenta y dos mil. Trescientos cuarenta y tres mil… —Como siempre hacía las pocas veces que se molestaba en correr, el Uchiha contaba los pasos de mil en mil, para sentirse mejor con su pésima forma física cuando caía derrotado de rodillas contra el suelo. Había optado por atar alrededor de la cabeza su camisa, en una improvisada visera que le protegiese, en parte, del abrasador sol. Su torso desnudo estaba encharcado en sudor, y el Uchiha había empezado a trotar con la cabeza echada hacia adelante, en un claro síntoma de agotamiento.
Sus ojos ya no eran capaces de mantenerse en alto. Lo único que veía era el suelo, bamboleándose de un lado a otro ante sus pasos. ¿O era él quien se bamboleaba? De pronto la superficie se volvió agresiva contra su persona. Ya no era lisa y perfecta, sino que se elevó en una trampa mortal llamada escaleras. El Uchiha salvó el primer escalón, medio tropezó con el segundo, y ya con el tercero se dio de bruces contra la extraña plataforma blanca a la que había subido.
En un último esfuerzo, giró sobre sí mismo, quedando boca arriba con los brazos en perpendicular y la camisa sobre su rostro, y emitió un último suspiro de moribundo:
—Trescientos cincuenta y dos mil...
![[Imagen: ksQJqx9.png]](https://i.imgur.com/ksQJqx9.png)
¡Agradecimientos a Daruu por el dibujo de PJ y avatar tan OP! ¡Y a Reiji y Ayame por la firmaza! Si queréis una parecida, este es el lugar adecuado