3/07/2017, 23:26
Reunidos como ganado a punto de ser transportados en grupo al matadero, cada uno fue escoltado por un presuntamente capaz guardia. Quizás todo fuese parte de una ilusión y la mejor habilidad de aquellos guerreros era simular ser un hábil usuario del daisho.
Sea como fuese, Mogura no iba averiguarlo en ese instante. Por el contrario, avanzó con calma por el camino que se le había marcado e ingresó en su pequeña cárcel. Allí tendría un tiempo para pensar en su decisión detenidamente, pensar era realmente lo único que podía hacer en aquel cuarto de tortura.
¿Habría sido este lugar en algún punto de su historia una cárcel? No recuerdo realmente...
Un siguiente pensamiento le recordaría que los samurai solían tener la barbárica costumbre de probar el filo de sus espadas con criminales y hasta con humildes campesinos, por lo cual descartó su teoría.
El tiempo pasaría lento pero a fin de cuentas pasaría, su puerta se abriría y el joven médico de Amegakure partiría al campo de batalla.
Al subir al ring pudo tener una vista de la convocatoria del evento, ricos y no tan ricos de varías partes de Onindo habrían hecho un hueco en su agenda para atender al torneo en el Valle. Incluso los grandes Kages habrían tomado unos días para asistir, una real perdida de tiempo y recursos.
«Bien, si he llegado hasta aquí... Lo mínimo que puedo hacer es intentar enorgullecer a mi nación ¿no?»
Pensó para después dibujar una ligera sonrisa en su rostro.
A diferencia de los demás días que había pasado en el Valle. Sus ropas eran las similares a las que normalmente utilizaba, solo que la tela era más fina. Demás estaba decir que no cargaba consigo ningún paraguas.
Sea como fuese, Mogura no iba averiguarlo en ese instante. Por el contrario, avanzó con calma por el camino que se le había marcado e ingresó en su pequeña cárcel. Allí tendría un tiempo para pensar en su decisión detenidamente, pensar era realmente lo único que podía hacer en aquel cuarto de tortura.
¿Habría sido este lugar en algún punto de su historia una cárcel? No recuerdo realmente...
Un siguiente pensamiento le recordaría que los samurai solían tener la barbárica costumbre de probar el filo de sus espadas con criminales y hasta con humildes campesinos, por lo cual descartó su teoría.
El tiempo pasaría lento pero a fin de cuentas pasaría, su puerta se abriría y el joven médico de Amegakure partiría al campo de batalla.
Al subir al ring pudo tener una vista de la convocatoria del evento, ricos y no tan ricos de varías partes de Onindo habrían hecho un hueco en su agenda para atender al torneo en el Valle. Incluso los grandes Kages habrían tomado unos días para asistir, una real perdida de tiempo y recursos.
«Bien, si he llegado hasta aquí... Lo mínimo que puedo hacer es intentar enorgullecer a mi nación ¿no?»
Pensó para después dibujar una ligera sonrisa en su rostro.
A diferencia de los demás días que había pasado en el Valle. Sus ropas eran las similares a las que normalmente utilizaba, solo que la tela era más fina. Demás estaba decir que no cargaba consigo ningún paraguas.
Hablo - Pienso