10/07/2017, 20:49
—Gracias por hacer de ésto algo un poco mas divertido... jajajaja
Las palabras de la féminan le hacían sentir que no iba a llegar a ningún lado, el enfrentamiento parecía ser inevitable. Aiko había sido invitada al torneo y ella pensaba, a diferencia de Mogura, sacarle todo el jugo posible a la presentación.
—No solo voy a atacarte con ésta espada, si no que con ésta espada te voy a eliminar del torneo... Romeo.
En aquel instante no podían ser más opuestos, ella quería tener el combate y ganarlo a toda costa mientras que Mogura no estaba del todo seguro de lo que hacer, pero sin duda alguna no tenía esa convicción dentro suyo. Dejó escapar un suspiro y llevó su mano al interior de su portaobjetos.
Si no queda otra, que así sea... Julieta.
Comentaría mientras, resignado, se daba a la tarea de iniciar el combate. Aiko por su parte tomaría y enseñaría una bomba de humo de lo más normal.
«Esto debería funcionar...»
Su elección sería ni más ni menos que un pequeño frasco, uno de tantos. La kunoichi entonces arrojaría la bomba al centro del ring, liberando una gran cantidad de humo gris. Con esto, los oponentes dejarían de verse por un rato.
Y segundos después de que Aiko lanzara la bomba de humo, Mogura lanzaría el frasco al interior de la nube.
Su efecto sería un poco más discreto, pero solo porque ya estaba la nube de humo de Aiko. El frasco en cuestión liberaría una gran nube de gas, gas lacrimógeno. Cualquiera que fuese a pasar por el interior de ese lugar comenzaría a sentir casi al instante los efectos del veneno. El primer efecto y quizás el más traumatico sería la perdida de la capacidad de visión a causa de la irritación que se produciría en los ojos, a su vez y a causa de respirar el gas; una fuerte tos se manifestaría casi al momento volviendo bastante difícil el pelear en plenas condiciones.
Mientras adoptaba una posición más acorde a la situación, separando ligeramente los pies a la altura de los hombros y flexionando un poco las piernas, tomaría un segundo frasco del interior de su portaobjetos.
Su respuesta al ver una shuriken salir del interior de la nube gaseosa-tóxica sería, algo tan simple y sencillo como apartarse a un lado de un salto. No tenía nada para bloquear el arma salvo por sus extremidades y aún no era tan masoquista para hacer eso.
Las palabras de la féminan le hacían sentir que no iba a llegar a ningún lado, el enfrentamiento parecía ser inevitable. Aiko había sido invitada al torneo y ella pensaba, a diferencia de Mogura, sacarle todo el jugo posible a la presentación.
—No solo voy a atacarte con ésta espada, si no que con ésta espada te voy a eliminar del torneo... Romeo.
En aquel instante no podían ser más opuestos, ella quería tener el combate y ganarlo a toda costa mientras que Mogura no estaba del todo seguro de lo que hacer, pero sin duda alguna no tenía esa convicción dentro suyo. Dejó escapar un suspiro y llevó su mano al interior de su portaobjetos.
Si no queda otra, que así sea... Julieta.
Comentaría mientras, resignado, se daba a la tarea de iniciar el combate. Aiko por su parte tomaría y enseñaría una bomba de humo de lo más normal.
«Esto debería funcionar...»
Su elección sería ni más ni menos que un pequeño frasco, uno de tantos. La kunoichi entonces arrojaría la bomba al centro del ring, liberando una gran cantidad de humo gris. Con esto, los oponentes dejarían de verse por un rato.
Y segundos después de que Aiko lanzara la bomba de humo, Mogura lanzaría el frasco al interior de la nube.
Su efecto sería un poco más discreto, pero solo porque ya estaba la nube de humo de Aiko. El frasco en cuestión liberaría una gran nube de gas, gas lacrimógeno. Cualquiera que fuese a pasar por el interior de ese lugar comenzaría a sentir casi al instante los efectos del veneno. El primer efecto y quizás el más traumatico sería la perdida de la capacidad de visión a causa de la irritación que se produciría en los ojos, a su vez y a causa de respirar el gas; una fuerte tos se manifestaría casi al momento volviendo bastante difícil el pelear en plenas condiciones.
Mientras adoptaba una posición más acorde a la situación, separando ligeramente los pies a la altura de los hombros y flexionando un poco las piernas, tomaría un segundo frasco del interior de su portaobjetos.
Su respuesta al ver una shuriken salir del interior de la nube gaseosa-tóxica sería, algo tan simple y sencillo como apartarse a un lado de un salto. No tenía nada para bloquear el arma salvo por sus extremidades y aún no era tan masoquista para hacer eso.
Hablo - Pienso