4/09/2017, 13:01
Aclarado que debían cumplir con su deber, y visto que el equipo de tres estaba en la misma onda por primera vez, Shanise asintió con determinación y se dio la vuelta, dispuesta a continuar con el camino lo más deprisa que era capaz sin que resultase en un detrimento para los genin. Así, las tres siluetas se alejaron de la salida del túnel. Pronto, sólo quedó allí el chapoteo de las gotas de lluvia y los sonoros ronquidos del guardia de la puerta...
...y, por supuesto, el lento discurrir de un pequeño charco de agua que se movía, lenta y antinaturalmente, por debajo de las piernas del guardia. El agua subió y se reconstruyó hasta tomar el aspecto de un joven de cabellos castaños. Se llevó la mano a la espalda, donde llevaba una katana enfundada, y la desenvainó rápidamente, e hizo descender un rápido y certero tajo sobre el cuello de aquél idiota dormido.
—Nos ponéis las cosas demasiado fáciles.
Entraba la noche. Aunque aún era pronto, dada la capa de nubes que siempre dejaba la tormenta en el País, ya estaba bastante oscuro. El trío, cubierto por unas improvisadas capas de viaje con capucha —a una de las figuras le quedaba un poco más grande que a las otras dos, y arrastraba la húmeda tela por los adoquines—, atravesó el umbral de la muralla con discreción.
—Hay un trecho —dijo Shanise—, pero la Arashikage dispone un lugar donde ella y su séquito siempre se alojan. Es mucho más acogedor que cualquier lugar aquí... Y también mucho más seguro. Pasaremos la noche allí.
»Pero mientras, aseguráos de pegaros muy bien a mí y de no mirar a nadie directamente a los ojos. Si habéis estado alguna vez en Shinogi-To, ya sabéis todo lo que se cuece por aquí. Y no vamos a cruzar una buena zona, precisamente.
La ANBU y los genin se desviaron un poco de las calles principales, y los muchachos pronto comprobaron a qué se refería Shanise con aquello exactamente. Cruzaron callejones mugrientos con gente trapicheando sustancias poco aceptadas, con encapuchados como ellos, entre cuyas ropas se podía intuir algún que otro brillo metálico y peligroso, y portales con luces de neón de colores rojos y púrpuras frecuentados por hombres y habitados exclusivamente por mujeres que apreciaban poco su cuerpo y un poco más el poco dinero que recibían y que les permitía sobrevivir. Cruzaron plazas vigiladas por hombres corpulentos vestidos de negro, y mercados en los que se vendía algo más que en el típico puesto de fruta y verdura que podías encontrar en cualquier ciudad de bien.
Y entonces llegaron a la puerta. No era una puerta ostentosa, digna de la Arashikage, sino más bien una serie de tablones mal colocados de madera medio podrida. Shanise dio una serie de toques bien coordinados y con el tiempo bien medido. Toctoc, toc to-toc-totoc. Y la puerta se abrió.
Pero allí no había nadie, tan sólo un oscuro y largo pasillo sin iluminar. Shanise ni les miró: simplemente se metió dentro y estiró de las mangas de sus túnicas. La puerta se cerró con un crujido, y se escuchó un pequeño chasquido seguido de un pequeño resplandor a sus espaldas.
—Aunque no lo parezca, es un fuuinjutsu bastante potente. Desde fuera parece que he hecho una simple seña, pero no puedes abrirla si la puerta no quiere dejarte pasar. Y tienes que tener un motivo muy concreto para que la puerta quiera dejarte pasar, creedme.
»¿Alguno de vosotros domina el Katon? ¿No? Bueno, pues tendremos que avanzar a oscuras... Agarradme de la túnica y seguidme. Esto es un laberinto.
...y, por supuesto, el lento discurrir de un pequeño charco de agua que se movía, lenta y antinaturalmente, por debajo de las piernas del guardia. El agua subió y se reconstruyó hasta tomar el aspecto de un joven de cabellos castaños. Se llevó la mano a la espalda, donde llevaba una katana enfundada, y la desenvainó rápidamente, e hizo descender un rápido y certero tajo sobre el cuello de aquél idiota dormido.
—Nos ponéis las cosas demasiado fáciles.
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Entraba la noche. Aunque aún era pronto, dada la capa de nubes que siempre dejaba la tormenta en el País, ya estaba bastante oscuro. El trío, cubierto por unas improvisadas capas de viaje con capucha —a una de las figuras le quedaba un poco más grande que a las otras dos, y arrastraba la húmeda tela por los adoquines—, atravesó el umbral de la muralla con discreción.
—Hay un trecho —dijo Shanise—, pero la Arashikage dispone un lugar donde ella y su séquito siempre se alojan. Es mucho más acogedor que cualquier lugar aquí... Y también mucho más seguro. Pasaremos la noche allí.
»Pero mientras, aseguráos de pegaros muy bien a mí y de no mirar a nadie directamente a los ojos. Si habéis estado alguna vez en Shinogi-To, ya sabéis todo lo que se cuece por aquí. Y no vamos a cruzar una buena zona, precisamente.
La ANBU y los genin se desviaron un poco de las calles principales, y los muchachos pronto comprobaron a qué se refería Shanise con aquello exactamente. Cruzaron callejones mugrientos con gente trapicheando sustancias poco aceptadas, con encapuchados como ellos, entre cuyas ropas se podía intuir algún que otro brillo metálico y peligroso, y portales con luces de neón de colores rojos y púrpuras frecuentados por hombres y habitados exclusivamente por mujeres que apreciaban poco su cuerpo y un poco más el poco dinero que recibían y que les permitía sobrevivir. Cruzaron plazas vigiladas por hombres corpulentos vestidos de negro, y mercados en los que se vendía algo más que en el típico puesto de fruta y verdura que podías encontrar en cualquier ciudad de bien.
Y entonces llegaron a la puerta. No era una puerta ostentosa, digna de la Arashikage, sino más bien una serie de tablones mal colocados de madera medio podrida. Shanise dio una serie de toques bien coordinados y con el tiempo bien medido. Toctoc, toc to-toc-totoc. Y la puerta se abrió.
Pero allí no había nadie, tan sólo un oscuro y largo pasillo sin iluminar. Shanise ni les miró: simplemente se metió dentro y estiró de las mangas de sus túnicas. La puerta se cerró con un crujido, y se escuchó un pequeño chasquido seguido de un pequeño resplandor a sus espaldas.
—Aunque no lo parezca, es un fuuinjutsu bastante potente. Desde fuera parece que he hecho una simple seña, pero no puedes abrirla si la puerta no quiere dejarte pasar. Y tienes que tener un motivo muy concreto para que la puerta quiera dejarte pasar, creedme.
»¿Alguno de vosotros domina el Katon? ¿No? Bueno, pues tendremos que avanzar a oscuras... Agarradme de la túnica y seguidme. Esto es un laberinto.
![[Imagen: MsR3sea.png]](https://i.imgur.com/MsR3sea.png)
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