11/09/2017, 21:24
(Última modificación: 11/09/2017, 21:26 por Amedama Daruu.)
Los pequeños engranajes que ponían en movimiento la maquinaria del mundo se movían, precisos, engrasados por los tejemanejes de Zoku. Como esperaba, Akame fue el más diligente, no obstante, era consciente de que dentro de él estarían germinando montones de dudas. «A quién no le pasaría», pensó Zoku. Como esperaba también, con Datsue habría algo más de trabajo. «Pero su habilidad es indiscutible e inmejorable. Está lleno de recursos. Será un shinobi maravilloso, si es que consigue controlar su... individualismo.»
—Hay muchos rumores sobre ti —comentó a Datsue, con una media sonrisa—. Datsue el Intrépido, te haces llamar, y te hacen llamar. Pero también conozco otras coletillas igual de apropiadas.
»Datsue el Timador, Datsue la Rata, Datsue el Astuto, si no quieres escuchar sólo las negativas. Eso, suponiendo, que se considere a las ratas como un roedor digno de su mala fama. A veces, ser una rata está bien. A veces, ser un timador... está bien. Datsue, amigo mío, eres un shinobi poderoso. Demostraste tus dotes de estratega en el Torneo de los Dojos. Eres miembro de uno de los clanes más nobles, poderosos y antiguos de todo Oonindo. Y rivalizas con Akame en poder.
Extendió la mano a una mesita que había a su izquierda, en cuya superficie reposaba un vaso de tubo con lo que parecía ser vino mezclado con alguna clase de refresco. Una rodaja de limón nadaba tranquilamente entre pequeños icebergs. Zoku tomó el vaso y le dio un buen sorbo, saboreando tanto el vino como el momento.
—Sé muy bien lo que hago. Los bijuu necesitan gente de temprana edad, contra más pequeños mejor. Yo necesito ninjas poderosos que puedan llegar a poder aprovechar y defender su poder. Sois los genin más avanzados de la aldea, y por eso os he escogido a vosotros.
»Con respecto a por qué no he elegido un sólo huésped, también hay una razón.
Hizo una pausa, dejó el vaso en la mesilla y dejó que la sonrisa se desvaneciera en la curvatura ya no existente de sus finos labios.
—El Ichibi es una criatura que no se deja dominar fácilmente, ni siquiera por las fórmulas de sellado más avanzadas de mi clan. La verdad, me resulta increíble, incluso todavía hoy —explicó—. Lo intentamos antes con otro huésped. Era un chico recién salido de la academia, con las mejores notas de su promoción. Se llamaba Uzumaki Zoran.
Bajó la mirada al suelo, con el ceño fruncido.
—Era mi hijo. Pero eso... eso es irrelevante ahora.
Suspiró.
—El bijuu rompió el sello durante la tercera noche. Se apodera de los sueños de los huéspedes y se vuelve más fuerte. Debilita el sello, y lo rompe. Matando al jinchuuriki.
»Separando el chakra del bijuu en dos, hemos conseguido estabilizar el sello casi por completo.
—Hay muchos rumores sobre ti —comentó a Datsue, con una media sonrisa—. Datsue el Intrépido, te haces llamar, y te hacen llamar. Pero también conozco otras coletillas igual de apropiadas.
»Datsue el Timador, Datsue la Rata, Datsue el Astuto, si no quieres escuchar sólo las negativas. Eso, suponiendo, que se considere a las ratas como un roedor digno de su mala fama. A veces, ser una rata está bien. A veces, ser un timador... está bien. Datsue, amigo mío, eres un shinobi poderoso. Demostraste tus dotes de estratega en el Torneo de los Dojos. Eres miembro de uno de los clanes más nobles, poderosos y antiguos de todo Oonindo. Y rivalizas con Akame en poder.
Extendió la mano a una mesita que había a su izquierda, en cuya superficie reposaba un vaso de tubo con lo que parecía ser vino mezclado con alguna clase de refresco. Una rodaja de limón nadaba tranquilamente entre pequeños icebergs. Zoku tomó el vaso y le dio un buen sorbo, saboreando tanto el vino como el momento.
—Sé muy bien lo que hago. Los bijuu necesitan gente de temprana edad, contra más pequeños mejor. Yo necesito ninjas poderosos que puedan llegar a poder aprovechar y defender su poder. Sois los genin más avanzados de la aldea, y por eso os he escogido a vosotros.
»Con respecto a por qué no he elegido un sólo huésped, también hay una razón.
Hizo una pausa, dejó el vaso en la mesilla y dejó que la sonrisa se desvaneciera en la curvatura ya no existente de sus finos labios.
—El Ichibi es una criatura que no se deja dominar fácilmente, ni siquiera por las fórmulas de sellado más avanzadas de mi clan. La verdad, me resulta increíble, incluso todavía hoy —explicó—. Lo intentamos antes con otro huésped. Era un chico recién salido de la academia, con las mejores notas de su promoción. Se llamaba Uzumaki Zoran.
Bajó la mirada al suelo, con el ceño fruncido.
—Era mi hijo. Pero eso... eso es irrelevante ahora.
Suspiró.
—El bijuu rompió el sello durante la tercera noche. Se apodera de los sueños de los huéspedes y se vuelve más fuerte. Debilita el sello, y lo rompe. Matando al jinchuuriki.
»Separando el chakra del bijuu en dos, hemos conseguido estabilizar el sello casi por completo.
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