22/11/2017, 00:02
(Última modificación: 11/12/2017, 00:40 por Uchiha Akame.)
Aliento Nevado, Invierno del año 217
Junto a la figura de Datsue, que caminaba con elegante porte y paso regio —casi parecía un noble más que un ninja—, iba otra silueta. Esta era mucho más escuálida y sobria, algo más alta, cubierta casi por completo por una capa de viaje de color amarronado con los faldones sucios del polvo del camino. Bajo ésta se podían intuir sus prendas; una camisa de manga larga y cuello alto, de color negro. Unos pantalones largos y de color azul marino, ceñidos a las espinillas por las botas altas que calzaba. A la cintura un portaobjetos y en la espalda un viejo ninjatō, ambos ocultos por la capa de viaje —aunque un ligero bulto a la altura del hombro delataba el mango de la espada—.
Uchiha Akame seguía a su compañero y Hermano con el rostro encogido y la mirada viva. El viento invernal les azotaba de cuando en cuando, pero cuanto más bulliciosas eran las calles en las que se internaban, menos notaba su abrazo. El uzujin llevaba el pelo recogido en una coleta baja que se perdía bajo su capa, y lucía sendas ojeras en el rostro. De tanto en tanto se tomaba un momento para examinar algo que captase su atención, ya fuera una peña de parroquianos borrachos o una muchacha de sensuales curvas y ligera ropa pese al frío.
—Bien —comentó el Hermano del Desierto, lacónico.
No había hablado mucho durante aquel viaje. Pese a todo lo ocurrido y a la bestia que ambos llevaban dentro —o quizás gracias a ello—, Akame solía ser bastante abierto con su compadre. Compartían una gran carga. Sin embargo, en aquella empresa el mayor de los Uchiha no las tenía todas consigo; y eso era, simplemente, porque los astros se habían alineado de una forma que él nunca habría podido predecir...
—Tu padre vivía aquí, ¿no? ¿Quieres pegarle una visita antes de embarcarnos en todo esto? Quizá hasta tenga la información que buscamos...
«Mierda». Ahí estaba, el detalle que podía ser su perdición. Después de ganar el Torneo de los Dojos, Akame no había vuelto a saber nada de su maestra Kunie, ni de la organización a la que pertenecía —o a la que tal vez había dejado de pertenecer—. Entre su disputa con Datsue y su tiempo esposado al gennin, la misión de rango S que al final había desembocado en un golpe de estado en Uzushiogakure, el bijuu y demás, Akame no había tenido tiempo alguno para detenerse a pensar en aquel asunto... Pero seguía estando ahí. Como una herida vieja que volvía a doler después de mucho tiempo.
—Ya le mandé un mensaje antes de que saliéramos de Uzu —mintió sin tapujos el Uchiha, cubriéndose la boca con el cuello de su camisa—. Ahora mismo no está en la ciudad, así que de poca ayuda podrá sernos...
Él nunca había sido bueno mintiendo, pero esperaba que Datsue no le presionase mucho en aquel sentido.