25/11/2017, 18:49
—Sí, eh, bueno... Sí, el puto amo... —respondió el Uchiha, algo nervioso, deseando que con aquellas palabras Datsue se quedara tranquilo y dejase de remover el tema.
«Ah, joder, me ha pillado con la guardia baja». Hacía tanto tiempo que no tenía relación alguna con Tengu, que casi se le había olvidado de dónde venía... Y cual había sido su propósito original. Akame sacudió la cabeza, queriendo quitarse aquellos pensamientos de la mente.
Sin embargo, su compañero volvió a la carga. Esta vez preguntaba sobre el medio de comunicación entre Akame y su supuesto padre. El aludido suspiró, visiblemente incómodo, y respondió con un tono forzadamente agresivo.
—¿Y qué más da? La cuestión es que sé que no está aquí y no puede ayudarnos —afirmó, queriendo zanjar el tema—. ¿Estamos a lo que estamos, o no?
Con tanta cháchara Akame ni se había dado cuenta de que estaban ya frente al Molino Rojo. El Uchiha oteó los alrededores tratando de formarse una idea acerca del lugar; ¿sería peligroso? ¿Cuánto? ¿Qué clase de parroquianos acudían allí? A juzgar por la información que ya tenía, el sitio debía ser frecuentado por gente de cierto nivel económico. ¿Quedaban descartados entonces los rateros y maleantes? «Maldición, no sabemos una sola mierda de este sitio. Será mejor ir con cuidado», se dijo el Uchiha.
—Será mejor que no nos mostremos así como así. Si el objetivo es tan influyente, podría tener informadores o contactos. Incluso saber que venimos a por él.
Akame se apartó a un lado de la calzada, buscando un callejón mínimamente oculto en el que poder esconderse. Una vez allí, haría los sellos correspondientes del Henge no Jutsu y se transformaría en un joven de unos veinte y pico años, de pelo rubio y ojos claros, vestido con una túnica aguamarina con ribetes dorados.
—Mejor así.
«Ah, joder, me ha pillado con la guardia baja». Hacía tanto tiempo que no tenía relación alguna con Tengu, que casi se le había olvidado de dónde venía... Y cual había sido su propósito original. Akame sacudió la cabeza, queriendo quitarse aquellos pensamientos de la mente.
Sin embargo, su compañero volvió a la carga. Esta vez preguntaba sobre el medio de comunicación entre Akame y su supuesto padre. El aludido suspiró, visiblemente incómodo, y respondió con un tono forzadamente agresivo.
—¿Y qué más da? La cuestión es que sé que no está aquí y no puede ayudarnos —afirmó, queriendo zanjar el tema—. ¿Estamos a lo que estamos, o no?
Con tanta cháchara Akame ni se había dado cuenta de que estaban ya frente al Molino Rojo. El Uchiha oteó los alrededores tratando de formarse una idea acerca del lugar; ¿sería peligroso? ¿Cuánto? ¿Qué clase de parroquianos acudían allí? A juzgar por la información que ya tenía, el sitio debía ser frecuentado por gente de cierto nivel económico. ¿Quedaban descartados entonces los rateros y maleantes? «Maldición, no sabemos una sola mierda de este sitio. Será mejor ir con cuidado», se dijo el Uchiha.
—Será mejor que no nos mostremos así como así. Si el objetivo es tan influyente, podría tener informadores o contactos. Incluso saber que venimos a por él.
Akame se apartó a un lado de la calzada, buscando un callejón mínimamente oculto en el que poder esconderse. Una vez allí, haría los sellos correspondientes del Henge no Jutsu y se transformaría en un joven de unos veinte y pico años, de pelo rubio y ojos claros, vestido con una túnica aguamarina con ribetes dorados.
—Mejor así.