10/12/2017, 15:45
«Mierda...»
Aquel inconfundible aguijonazo le sentó peor que una patada en los pendientes reales. Era una sensación característica y que él conocía muy bien; el primer pitido de aviso cuando un ninja se estaba forzando en el uso de sus capacidades de energía espiritual. El chakra. El maldito chakra. Akame miró a un lado y otro mientras trataba de disimular su impaciencia tomando un ligero sorbo de su bebida de lujo. «Joder, tenemos poco tiempo. Hay que actuar ya». Datsue había entablado conversación con la mujer, pero Akame no sabía cuánto tardaría en sacar algo útil. Y tampoco tenía ni idea de quién era el contacto con el que debían encontrarse.
«Todo esto empieza a torcerse demasiado pronto...»
El Uchiha agarró firmemente su vaso de trescientos ryos y se alejó de la barra. Sus ojos —ahora azules— recorrieron el local. Lo menos que podía hacer era echar una vuelta de reconocimiento, y en primer lugar se dirigiría a investigar disimuladamente aquella posible salida de emergencia que, en un momento dado, quizás tuvieran que utilizar.
Caminando con paso distraído y dando de vez en cuando brevísimos sorbos al alcohol —ni de lejos lo suficiente como para que el nivel del líquido bajara perceptiblemente—, Akame se dirigió hacia aquella puerta en la sala oval. Una vez allí se apoyaría distraídamente en la pared, a una distancia de la puerta lo suficientemente cercana como para poder ver a quien entrase o saliera por ella, pero no tanto como para que su labor de vigilancia se volviera evidente a ojos de un observador. Mientras tanto, trataría también de no quitarle ojo de encima a su Hermano... Caso de que necesitara ayuda.
Aquel inconfundible aguijonazo le sentó peor que una patada en los pendientes reales. Era una sensación característica y que él conocía muy bien; el primer pitido de aviso cuando un ninja se estaba forzando en el uso de sus capacidades de energía espiritual. El chakra. El maldito chakra. Akame miró a un lado y otro mientras trataba de disimular su impaciencia tomando un ligero sorbo de su bebida de lujo. «Joder, tenemos poco tiempo. Hay que actuar ya». Datsue había entablado conversación con la mujer, pero Akame no sabía cuánto tardaría en sacar algo útil. Y tampoco tenía ni idea de quién era el contacto con el que debían encontrarse.
«Todo esto empieza a torcerse demasiado pronto...»
El Uchiha agarró firmemente su vaso de trescientos ryos y se alejó de la barra. Sus ojos —ahora azules— recorrieron el local. Lo menos que podía hacer era echar una vuelta de reconocimiento, y en primer lugar se dirigiría a investigar disimuladamente aquella posible salida de emergencia que, en un momento dado, quizás tuvieran que utilizar.
Caminando con paso distraído y dando de vez en cuando brevísimos sorbos al alcohol —ni de lejos lo suficiente como para que el nivel del líquido bajara perceptiblemente—, Akame se dirigió hacia aquella puerta en la sala oval. Una vez allí se apoyaría distraídamente en la pared, a una distancia de la puerta lo suficientemente cercana como para poder ver a quien entrase o saliera por ella, pero no tanto como para que su labor de vigilancia se volviera evidente a ojos de un observador. Mientras tanto, trataría también de no quitarle ojo de encima a su Hermano... Caso de que necesitara ayuda.