10/12/2017, 19:46
Akame se guardó para sí el suspiro de decepción que le vino a la boca cuando vio su investigación sobre una posible salida, frustrada. O, al menos, en parte. Desde aquella distancia no era capaz de evaluar el grosor ni el material de los candados, por lo que no era capaz de saber si llegado el momento él o su Hermano podrían forzarlos. «Como haga falta salir de aquí, vamos a estar jodidos», caviló en su fuero interno. Echó una ojeada a izquierda, a derecha, y luego se dio media vuelta.
Desandó su camino de la misma forma torpe y errática que lo había andado. Sin embargo, al ingresar de nuevo en la sala principal, sus ojos buscaron rápidos a Datsue. Lo vio con la mujer misteriosa, que ahora le tomaba del brazo y buscaba llevarle escaleras arriba. «¡Bingo!» Uno podía confiar en su compadre para cualquier clase de menester relacionado con mujeres.
Con paso rápido, Akame se acercó a la pareja sosteniendo todavía media copa en su mano derecha. Se plantó junto a ellos, aunque sin pretender parecer invasivo, y miró a Datsue esperando que le presentara. Si de verdad su Hermano había conseguido un pase para subir de nivel, él no pensaba quedarse atrás.
—Buenas noches, señorita —saludó con una ligera inclinación de cabeza.
Entonces se paró a mirar más detenidamente a la mujerzuela, y advirtió la curiosa marca que lucía en su hombro descubierto. Tampoco le pasó desapercibida la mirada astuta de ella; «menuda pieza...»
Desandó su camino de la misma forma torpe y errática que lo había andado. Sin embargo, al ingresar de nuevo en la sala principal, sus ojos buscaron rápidos a Datsue. Lo vio con la mujer misteriosa, que ahora le tomaba del brazo y buscaba llevarle escaleras arriba. «¡Bingo!» Uno podía confiar en su compadre para cualquier clase de menester relacionado con mujeres.
Con paso rápido, Akame se acercó a la pareja sosteniendo todavía media copa en su mano derecha. Se plantó junto a ellos, aunque sin pretender parecer invasivo, y miró a Datsue esperando que le presentara. Si de verdad su Hermano había conseguido un pase para subir de nivel, él no pensaba quedarse atrás.
—Buenas noches, señorita —saludó con una ligera inclinación de cabeza.
Entonces se paró a mirar más detenidamente a la mujerzuela, y advirtió la curiosa marca que lucía en su hombro descubierto. Tampoco le pasó desapercibida la mirada astuta de ella; «menuda pieza...»