12/02/2018, 00:39
«No son shinobi, bien» pensó el Uchiha de forma automática. Al menos aquello dejaba ver que los matones a sueldo de Kojuro Shinzo tenían poca preparación militar, por lo que establecer contacto con ellos se acababa de volver una cuestión de si debía hacerse, más que si podía hacerse. «Si los mato tarde o temprano alguien se acabará enterando y eso podría poner al objetivo en alerta. No... Es lo último que debo hacer», meditó Akame. «¿Interrogarlos, tal vez? ¿Y luego qué?» Sacudió la cabeza. «Aunque pudiera dejarlos fuera de juego, al final acabarían por echarlos en falta, o peor, ellos mismos informarían... Sería todavía más ineficiente que liquidarlos.»
El Uchiha escudriñó la entrada de la casa con sus ojos rojos mientras veía a los dos tipos forzar exitosamente la cerradura y entrar. «¿Qué demonios irán a hacer ahí dentro? Quien quiera que mató a ese chico dejó una trampa bien armada... ¿Eso significa que no trabaja para Shinzo?» Había demasiadas incógnitas y muy pocas que pudiera resolver en ese momento.
—No les quites el ojo de encima —susurró el verdadero Akame a su clon.
Luego el de Uzu se dispuso a descender del tejado por la misma ruta por la que había subido —para asegurarse de que nadie le viera— cargando con los documentos y con el manojo de llaves que le había dado su Kage Bunshin. Mientras, el mencionado se quedaría allí, encaramado al techo de la cabaña contigua, tratando de espiar los movimientos de aquellos tipos.
Akame cruzó la calle a paso rápido, con la cabeza gacha y sin detenerse hasta llegar al callejón donde le esperaba Shinjaka.
—Esto es lo que he podido encontrar —susurró, mostrando las llaves y la carpeta con documentos. Luego abrió la misma—. El tipo estaba muerto. Alguien lo sabía. Mi clon se quedará vigilando el lugar, pero más nos vale que aquí haya algo de lo que tirar.
Así, al amparo del callejón, trató de dilucidar de qué trataban todos aquellos papeles.
El Uchiha escudriñó la entrada de la casa con sus ojos rojos mientras veía a los dos tipos forzar exitosamente la cerradura y entrar. «¿Qué demonios irán a hacer ahí dentro? Quien quiera que mató a ese chico dejó una trampa bien armada... ¿Eso significa que no trabaja para Shinzo?» Había demasiadas incógnitas y muy pocas que pudiera resolver en ese momento.
—No les quites el ojo de encima —susurró el verdadero Akame a su clon.
Luego el de Uzu se dispuso a descender del tejado por la misma ruta por la que había subido —para asegurarse de que nadie le viera— cargando con los documentos y con el manojo de llaves que le había dado su Kage Bunshin. Mientras, el mencionado se quedaría allí, encaramado al techo de la cabaña contigua, tratando de espiar los movimientos de aquellos tipos.
Akame cruzó la calle a paso rápido, con la cabeza gacha y sin detenerse hasta llegar al callejón donde le esperaba Shinjaka.
—Esto es lo que he podido encontrar —susurró, mostrando las llaves y la carpeta con documentos. Luego abrió la misma—. El tipo estaba muerto. Alguien lo sabía. Mi clon se quedará vigilando el lugar, pero más nos vale que aquí haya algo de lo que tirar.
Así, al amparo del callejón, trató de dilucidar de qué trataban todos aquellos papeles.