21/02/2018, 17:19
Al ver a los uniformados entrar en el bar, el Kage Bunshin se ocultó al amparo de las sombras de la callejuela y meditó su curso de acción. Sí, podía esfumarse y transmitir aquella información; también podía esperar sin remedio a que los pobres diablos terminaran sus bebidas y salieran. Borrachos y confiados, serían una presa extremadamente fácil.
La cuestión era... ¿Debía hacerlo? «Probablemente, si es que se han parado a beber, ahora mismo no estén de servicio. Y de seguro que no planean presentarse en ningún lugar comprometedor con una moña como un piano», reflexionó el Kage Bunshin.
Sin embargo, acabó concluyendo que probablemente esperar a que los tipos se marcharan, seguirlos y tratar de coger a alguno cuando se separasen —si es que lo hacían— sería lo mejor. Entre el alcohol, la oscuridad y su Saimingan, no sería difícil interrogar a un uniformado solitario.
Mientras tanto, el otro clon escudriñaba con los ojos entornados la última localización. Si la segunda estaba vigilada, aquella parecía colmada de guardias hasta las trancas. «¿Entonces es aquí donde se esconde el objetivo esta noche?» La gran seguridad que rodeaba el edificio así parecía sugerirlo, pero el Kage Bunshin tampoco quería hacer deducciones precipitadas. Con su Sharingan fijó la vista en el tipo de las katanas para intentar medir su nivel de chakra y deducir si era un shinobi o no.
Luego, desapareció con un "puf".
El verdadero Akame alzó la vista súbitamente cuando aquella jugosa información le llegó a la mente. Se inclinó sobre la mesa donde tenían desplegados los documentos y señaló con el dedo índice a la primera dirección.
—Parece ser que esta dirección está desierta —dijo, y luego apuntó a las otras dos—. La segunda está vigilada, pero la tercera... Hay todo un batallón de uniformados ahí.
«Dos direcciones resaltadas en rojo, dos ubicaciones vigiladas... No puede ser coincidencia», pensó Akame.
—Quizá el objetivo se guarece esta noche en una de las dos ubicaciones que están guardadas. Quizá no. Dado que se trata de un tipo discreto, me extrañaría que utilizara como escondite un lugar tan repleto de soldados... Es como deletrear que ahí dentro hay algo que se quiere proteger.
La cuestión era... ¿Debía hacerlo? «Probablemente, si es que se han parado a beber, ahora mismo no estén de servicio. Y de seguro que no planean presentarse en ningún lugar comprometedor con una moña como un piano», reflexionó el Kage Bunshin.
Sin embargo, acabó concluyendo que probablemente esperar a que los tipos se marcharan, seguirlos y tratar de coger a alguno cuando se separasen —si es que lo hacían— sería lo mejor. Entre el alcohol, la oscuridad y su Saimingan, no sería difícil interrogar a un uniformado solitario.
Mientras tanto, el otro clon escudriñaba con los ojos entornados la última localización. Si la segunda estaba vigilada, aquella parecía colmada de guardias hasta las trancas. «¿Entonces es aquí donde se esconde el objetivo esta noche?» La gran seguridad que rodeaba el edificio así parecía sugerirlo, pero el Kage Bunshin tampoco quería hacer deducciones precipitadas. Con su Sharingan fijó la vista en el tipo de las katanas para intentar medir su nivel de chakra y deducir si era un shinobi o no.
Luego, desapareció con un "puf".
El verdadero Akame alzó la vista súbitamente cuando aquella jugosa información le llegó a la mente. Se inclinó sobre la mesa donde tenían desplegados los documentos y señaló con el dedo índice a la primera dirección.
—Parece ser que esta dirección está desierta —dijo, y luego apuntó a las otras dos—. La segunda está vigilada, pero la tercera... Hay todo un batallón de uniformados ahí.
«Dos direcciones resaltadas en rojo, dos ubicaciones vigiladas... No puede ser coincidencia», pensó Akame.
—Quizá el objetivo se guarece esta noche en una de las dos ubicaciones que están guardadas. Quizá no. Dado que se trata de un tipo discreto, me extrañaría que utilizara como escondite un lugar tan repleto de soldados... Es como deletrear que ahí dentro hay algo que se quiere proteger.