12/03/2018, 14:28
Daruu escuchó un impacto metálico a sus espaldas. Se giró de golpe, y casi por instinto desvió hacia un lado, esquivando un ataque inexistente. Su salvador apareció a su lado. Daruu lo miró un momento, pero no se detuvo. Ignoró su expresión pese a tener certeza de que no tendría ningún sentido tomarla en cuenta, pues sería igual a la que siempre vestía. Ignoró las peticiones a gritos de Ayame. Después de ignorar la sangre, los quejidos y los rostros inhumanos, aquellas dos cosas eran fáciles.
Hasta que sucedió algo difícil de ignorar. No pudo ignorar la expresión de Kori. No pudo ignorar los bramidos de Ayame.
Y no pudo ignorar aquél chakra blanquecino, otrora un breve reflejo en la espalda sólo discernible con su Byakugan, ahora nítido y denso como el aceite con su doujutsu o sin él. Burbujeaba con fuerza, retorciéndose y cambiando de forma, envolviendo a Ayame y tomando la forma de una bestia sin nombre. A su espalda, creció una cola.
«Una... ¿deberían ser cinco?»
¿Qué debía de hacer en aquella situación? Tragó saliva. El olor a sangre y a muerte estaba empezando a entrar por la puerta que tanto se había esmerado en cerrar. No. Apretó los dientes, miró a Shiruuba y empezó a dar unos vacilantes pasos hacia atrás. Estaba distraída...
—La jinchuuriki... Es la jinchuuriki de Amegakure... ¡Malditos, va a hacer que todo esto se caiga a trozos! ¡Hijos de puta! ¡MI MUNDO! ¡MI ETERNIDAD! —Se giró hacia Daruu, a quien había visto por el rabillo del ojo—. ¡Tú, quieto ahí mientras vuelvo a sellar a ese monstr...! ¡ARASHIHIME, TRAIDORA!
Afortunadamente para Daruu, Arashihime acababa de entrar por la puerta del puente, y ahora estaba igual de sorprendida y asustada que Shiruuba, con los ojos clavados en Ayame.
—¿Qué... qué es...?
Pero Ayame no se había dado cuenta de una cosa: lo había dicho en voz alta. Y aquella no había sido su voz.
—¡No la escuches, Ayame! —gritó Kori, que parecía asustado y a la vez sorprendido de que aquella criatura pudiese hablar.
Para Daruu todo aquello era difícil de ignorar, pero hacía un esfuerzo tremendo en hacerlo. Le dolía la mandíbula de tanto apretar los dientes. Estaba empezando a llorar. Pero sabía que de él dependía que salieran de allí con vida y rápidamente. Lo había notado. La interferencia en el chakra cuando había matado a tres, a cuatro, a cinco. Allí había al menos cien. Si podía... si pudiera...
A la espaldas de todos, formuló los sellos y lanzó una técnica en una dirección con densidad de esclavos suficiente como para...
—Suiton: Bakusui Shouha.
Una gigantesca ola arrambló con varios de aquellos cuerpos lo suficientemente fuerte como para matarlos o bien como para arrancar los cables de sus brazos. Daruu cerró los ojos y volvió a formular los sellos, girando en otra dirección, mientras sentía sus pies levantándose del suelo...
—¡NOOOOOOOOOOOOO! ¡PUTO ENANO HIJO DE...!
Cuando la segunda ola cayó, sintió una terrible punzada de hambre en el estómago y la boca seca.
El trío shinobi aterrizó estrepitosamente en el despacho de una anciana lejos de allí y cerca de Coladragón. Daruu gimió y trató de moverse, pero estaba muy débil. A un lado estaba Kori-sensei, y al otro... Ayame, todavía envuelta en la capa de chakra monstruosa.
—Ayame... Ayame... todo ha acabado... por favor... Ayame... —consiguió articular, con un terrible dolor de garganta. ¿Cuánto tiempo habría pasado afuera, en el mundo real?
Todo lo que había estado reteniendo le venía ahora a la mente, y si no vomitó de nuevo es porque no había nada que vomitar. Eso no le impidió volver a horrorizarse con el cráneo que tenía apenas a unos centímetros de la cara.
Hasta que sucedió algo difícil de ignorar. No pudo ignorar la expresión de Kori. No pudo ignorar los bramidos de Ayame.
Y no pudo ignorar aquél chakra blanquecino, otrora un breve reflejo en la espalda sólo discernible con su Byakugan, ahora nítido y denso como el aceite con su doujutsu o sin él. Burbujeaba con fuerza, retorciéndose y cambiando de forma, envolviendo a Ayame y tomando la forma de una bestia sin nombre. A su espalda, creció una cola.
«Una... ¿deberían ser cinco?»
¿Qué debía de hacer en aquella situación? Tragó saliva. El olor a sangre y a muerte estaba empezando a entrar por la puerta que tanto se había esmerado en cerrar. No. Apretó los dientes, miró a Shiruuba y empezó a dar unos vacilantes pasos hacia atrás. Estaba distraída...
—La jinchuuriki... Es la jinchuuriki de Amegakure... ¡Malditos, va a hacer que todo esto se caiga a trozos! ¡Hijos de puta! ¡MI MUNDO! ¡MI ETERNIDAD! —Se giró hacia Daruu, a quien había visto por el rabillo del ojo—. ¡Tú, quieto ahí mientras vuelvo a sellar a ese monstr...! ¡ARASHIHIME, TRAIDORA!
Afortunadamente para Daruu, Arashihime acababa de entrar por la puerta del puente, y ahora estaba igual de sorprendida y asustada que Shiruuba, con los ojos clavados en Ayame.
—¿Qué... qué es...?
«Piensan que es un monstruo, ¿lo ve, señorita? Detenerle. Quieren detenerle.»
«Para seguir matando. Para seguir torturando. Para seguir encerrándonos. En esta cárcel.»
Pero Ayame no se había dado cuenta de una cosa: lo había dicho en voz alta. Y aquella no había sido su voz.
—¡No la escuches, Ayame! —gritó Kori, que parecía asustado y a la vez sorprendido de que aquella criatura pudiese hablar.
Para Daruu todo aquello era difícil de ignorar, pero hacía un esfuerzo tremendo en hacerlo. Le dolía la mandíbula de tanto apretar los dientes. Estaba empezando a llorar. Pero sabía que de él dependía que salieran de allí con vida y rápidamente. Lo había notado. La interferencia en el chakra cuando había matado a tres, a cuatro, a cinco. Allí había al menos cien. Si podía... si pudiera...
A la espaldas de todos, formuló los sellos y lanzó una técnica en una dirección con densidad de esclavos suficiente como para...
—Suiton: Bakusui Shouha.
Una gigantesca ola arrambló con varios de aquellos cuerpos lo suficientemente fuerte como para matarlos o bien como para arrancar los cables de sus brazos. Daruu cerró los ojos y volvió a formular los sellos, girando en otra dirección, mientras sentía sus pies levantándose del suelo...
—¡NOOOOOOOOOOOOO! ¡PUTO ENANO HIJO DE...!
Cuando la segunda ola cayó, sintió una terrible punzada de hambre en el estómago y la boca seca.
· · ·
El trío shinobi aterrizó estrepitosamente en el despacho de una anciana lejos de allí y cerca de Coladragón. Daruu gimió y trató de moverse, pero estaba muy débil. A un lado estaba Kori-sensei, y al otro... Ayame, todavía envuelta en la capa de chakra monstruosa.
—Ayame... Ayame... todo ha acabado... por favor... Ayame... —consiguió articular, con un terrible dolor de garganta. ¿Cuánto tiempo habría pasado afuera, en el mundo real?
Todo lo que había estado reteniendo le venía ahora a la mente, y si no vomitó de nuevo es porque no había nada que vomitar. Eso no le impidió volver a horrorizarse con el cráneo que tenía apenas a unos centímetros de la cara.
![[Imagen: K02XwLh.png]](https://i.imgur.com/K02XwLh.png)