7/04/2018, 23:44
Los nervios que Akame sentía se atenuaron al comprobar que el primer guardia que le salió al paso parecía incluso más nervioso. El Uchiha le echó un buen vistazo y evaluó al tipo como mejor pudo; «claramente no tiene mucha experiencia, y tampoco se esperaba que nadie fuese a aparecer por aquí preguntando por nuestro amigo de las altas esferas. Bien, debo jugar con eso a mi favor...»
El Uchiha disfrazado de maleante se encogió de hombros, tratando de aparentar toda la indiferencia que fue capaz.
—Tú mismo, socio —replicó—. Yo sólo hago mi trabajo. Me encargaron que viniera aquí a entregar una información importante a nuestro amigo en común, y eso es lo que voy a hacer.
Entonces se llevó una mano al mentón con gesto fingidamente pensativo.
—Ahora que lo pienso, el jefe no especificó que tuviera que contárselo a él en persona —comentó como de pasada, y luego vistió su rostro de una sonrisa—. Así que simplemente te pasaré la patata caliente. Han visto a un tal Soroku en la ciudad, ahora mismo está reunido con otros amigos en una casa a apenas un par de cuadras de aquí, pasando la calle del mercado.
Y, sin mudar aquella expresión de súbito alivio, agregó.
—Ale, compa, ahora puedes seguir haciéndote como el que acaba de llegar. Yo ya cumplí... Si ese mensaje no llega a nuestro amigo en común, ya no será culpa mía.
El Uchiha disfrazado de maleante se encogió de hombros, tratando de aparentar toda la indiferencia que fue capaz.
—Tú mismo, socio —replicó—. Yo sólo hago mi trabajo. Me encargaron que viniera aquí a entregar una información importante a nuestro amigo en común, y eso es lo que voy a hacer.
Entonces se llevó una mano al mentón con gesto fingidamente pensativo.
—Ahora que lo pienso, el jefe no especificó que tuviera que contárselo a él en persona —comentó como de pasada, y luego vistió su rostro de una sonrisa—. Así que simplemente te pasaré la patata caliente. Han visto a un tal Soroku en la ciudad, ahora mismo está reunido con otros amigos en una casa a apenas un par de cuadras de aquí, pasando la calle del mercado.
Y, sin mudar aquella expresión de súbito alivio, agregó.
—Ale, compa, ahora puedes seguir haciéndote como el que acaba de llegar. Yo ya cumplí... Si ese mensaje no llega a nuestro amigo en común, ya no será culpa mía.