21/04/2018, 17:37
(Última modificación: 21/04/2018, 17:38 por Umikiba Kaido.)
De profesional a profesional, el Centinela atendió las palabras de Akame con parsimonia, entendiendo que sus intereses no pasaban por sacarle a él del juego directamente. Aquello no tuvo sentido sino hasta que la figura de Soroku desapareció en una frondosa estela de humo, que tras su disipación, dejó entrever el verdadero rostro de aquel ninja. Uno que le había engañado con genjutsu, probablemente; y que ahora lustraba su lengua como serpiente viperina.
Rió eufórico en tanto Datsue el Intrépido intervino, y les miró a ambos, en un súbito intercambio de miradas. También vio aquella marca que reposaba en el brazo de Datsue.
—Está bien. ¿Queréis saldar vuestra deuda con el Estandarte, no es cierto? —dijo, enigmático y repentinamente convencido. Entre tanto, si los Uchiha eran buenos de oído, podrían escuchar el galopante sonido de una pequeña horda que se avecinaba probablemente desde la retaguardia. Sólo se podía escuchar el lejano traqueteo de los cascos de las patas de un par de caballos atravesando los laureles de piedra que atravesaban la ciudad. El Centinela miró por sobre el hombro de Datsue, y contempló mil y un posibilidades en ese preciso instante—. yo puedo ayudaros. Pero tendréis que liberarme, y una vez me encuentre sin ataduras; os llevaré hasta mi peón para que liquidéis el favor incurrido a través de esa marca.
»Si os negáis, me temo que nuestro destino acabará en manos de la guardia de la ciudad. Yo no tardaría en abandonar los calabozos, desde luego, pero ustedes: dos ninja sin aparente afiliación merodeando sin ley por la capital, entrometiéndose en los asuntos de personas influyentes como el asistente del alcalde... y sin disfraz que oculte ahora vuestros rostros... no sé, es un predicamento bastante arriesgado, no creen?
Dio un paso. Luego otro. La katana de Akame se movió con el avance de su cuello.
—Yo de vosotros, decido pronto. La caballería no tarda en llegar.
Rió eufórico en tanto Datsue el Intrépido intervino, y les miró a ambos, en un súbito intercambio de miradas. También vio aquella marca que reposaba en el brazo de Datsue.
—Está bien. ¿Queréis saldar vuestra deuda con el Estandarte, no es cierto? —dijo, enigmático y repentinamente convencido. Entre tanto, si los Uchiha eran buenos de oído, podrían escuchar el galopante sonido de una pequeña horda que se avecinaba probablemente desde la retaguardia. Sólo se podía escuchar el lejano traqueteo de los cascos de las patas de un par de caballos atravesando los laureles de piedra que atravesaban la ciudad. El Centinela miró por sobre el hombro de Datsue, y contempló mil y un posibilidades en ese preciso instante—. yo puedo ayudaros. Pero tendréis que liberarme, y una vez me encuentre sin ataduras; os llevaré hasta mi peón para que liquidéis el favor incurrido a través de esa marca.
»Si os negáis, me temo que nuestro destino acabará en manos de la guardia de la ciudad. Yo no tardaría en abandonar los calabozos, desde luego, pero ustedes: dos ninja sin aparente afiliación merodeando sin ley por la capital, entrometiéndose en los asuntos de personas influyentes como el asistente del alcalde... y sin disfraz que oculte ahora vuestros rostros... no sé, es un predicamento bastante arriesgado, no creen?
Dio un paso. Luego otro. La katana de Akame se movió con el avance de su cuello.
—Yo de vosotros, decido pronto. La caballería no tarda en llegar.
