1/05/2018, 20:30
Al contrario que Datsue, la figura que caminaba a su lado no lo hacía con seguridad ni convicción, sino con cautela y mirando de tanto en tanto por encima del hombro. Pese a que los Hermanos del Desierto habían dejado atrás Tanzaku Gai hacía un par de días, Akame no quería relajarse; no podía relajarse. Tenía la inquetante certeza de que con sus acciones en la capital ambos se habían granjeado poderosos enemigos, y estaba por comprobar si sus garras llegarían hasta Uzu no Kuni.
Eran ninjas, sí. Pero precisamente por eso, el mayor de los Uchiha sabía lo fácil que era apuñalar a alguien mientras dormía. O envenenar su comida. Cuando al final Datsue reconoció el taller del tal Soroku —el causante de todos aquellos enredos—, Akame no pudo contener un suspiro de alivio.
—Por los cuernos de Susanoo, acabemos con esto de una vez —masculló.
Aquel encargo había durado más de lo que Akame pensara en un principio, y también había sido más peligroso y más difícil. Pese a que habían salido victoriosos de forma intachable, sometiendo sin piedad a sus enemigos, el Uchiha ya deseaba volver a Uzushiogakure.
Así, siguió a su compadre hasta adentrarse en la fragua del herrero con el que Datsue había contraído aquella deuda. Dispuesto a pagarla.
Eran ninjas, sí. Pero precisamente por eso, el mayor de los Uchiha sabía lo fácil que era apuñalar a alguien mientras dormía. O envenenar su comida. Cuando al final Datsue reconoció el taller del tal Soroku —el causante de todos aquellos enredos—, Akame no pudo contener un suspiro de alivio.
—Por los cuernos de Susanoo, acabemos con esto de una vez —masculló.
Aquel encargo había durado más de lo que Akame pensara en un principio, y también había sido más peligroso y más difícil. Pese a que habían salido victoriosos de forma intachable, sometiendo sin piedad a sus enemigos, el Uchiha ya deseaba volver a Uzushiogakure.
Así, siguió a su compadre hasta adentrarse en la fragua del herrero con el que Datsue había contraído aquella deuda. Dispuesto a pagarla.