11/05/2018, 18:11
(Última modificación: 11/05/2018, 18:12 por Amedama Daruu.)
—Pero, ¿un sello de rastreo para qué? Pero Datsue, ¡Pero joder, Datsue, para poder encontrarla para qué! ¡Oportunidad de qué, de qué me estás hablando! —vociferó Hanabi, levantándose y arrastrando la silla, visiblemente molesto—. ¿Tú sabes el problema diplomático en el que nos acabas de meter, pedazo de zoque...!
Hanabi tenía la vista clavada en el regazo de Datsue. El pergamino se había deslizado por sus muslos y se había abierto. Donde aparentemente no había habido nada antes... allí, en el punto encima de la i de Yui... No, eso no era un punto. Eso no era...
—Qué...
Eso era un Tensha Fūin, brillando con todas sus fuerzas.
El pergamino liberó una gran cantidad de agua. Una ola gigante, para ser exactos. Las olas gigantes, por si algún lector anda despistado, no parecen llevarse muy bien con los despachos. Tampoco con los cristales de las ventanas.
Pues eso es lo que ocurrió. El despacho se llenó de agua, el agua golpeó contra los cristales de las ventanas, y Datsue y Hanabi cayeron irremediablemente surfeando, si es que se le podía llamar así a patalear contra la corriente y a tragar agua. La ola cayó sobre el puente con un gran estruendo. La gente gritó. Los jōnin hicieron acto en escena.
Hanabi y Datsue rodaron por la madera del puente de delante del Edificio del Uzukage. El mandatario tosió un par de veces y se levantó con dificultad.
—D... ¡DAAAATSUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!
—¿¡Qué ha pasado, Hanabi-sama!? ¿¡Este truhán le ha atacado!?
—No, no... No me ha atacado, pero sí es culpa suya. ¡Sí es culpa suya! —repitió, señalándole con el dedo—. ¡Uchiha Datsue! ¡Esta es la más grande de todas tus cagadas, y mira que han sido unas cuantas, según tu expediente!
Avanzó dos pasos hacia él y le tendió la mano.
Pero no era para ayudarle a levantarse.
—Tu placa de jōnin. Ahora.
Hanabi tenía la vista clavada en el regazo de Datsue. El pergamino se había deslizado por sus muslos y se había abierto. Donde aparentemente no había habido nada antes... allí, en el punto encima de la i de Yui... No, eso no era un punto. Eso no era...
—Qué...
Eso era un Tensha Fūin, brillando con todas sus fuerzas.
¡FUAAAAAASHHH!
¡CRASH!
¡PLOP!
¡CRASH!
¡PLOP!
El pergamino liberó una gran cantidad de agua. Una ola gigante, para ser exactos. Las olas gigantes, por si algún lector anda despistado, no parecen llevarse muy bien con los despachos. Tampoco con los cristales de las ventanas.
Pues eso es lo que ocurrió. El despacho se llenó de agua, el agua golpeó contra los cristales de las ventanas, y Datsue y Hanabi cayeron irremediablemente surfeando, si es que se le podía llamar así a patalear contra la corriente y a tragar agua. La ola cayó sobre el puente con un gran estruendo. La gente gritó. Los jōnin hicieron acto en escena.
Hanabi y Datsue rodaron por la madera del puente de delante del Edificio del Uzukage. El mandatario tosió un par de veces y se levantó con dificultad.
—D... ¡DAAAATSUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!
—¿¡Qué ha pasado, Hanabi-sama!? ¿¡Este truhán le ha atacado!?
—No, no... No me ha atacado, pero sí es culpa suya. ¡Sí es culpa suya! —repitió, señalándole con el dedo—. ¡Uchiha Datsue! ¡Esta es la más grande de todas tus cagadas, y mira que han sido unas cuantas, según tu expediente!
Avanzó dos pasos hacia él y le tendió la mano.
Pero no era para ayudarle a levantarse.
—Tu placa de jōnin. Ahora.
