22/06/2018, 11:17
Daruu era un marinero. No navegaba por las aguas de un océano, sino entre la ilusión, la aventura, la expectación y el miedo, la ira y la maquinación. Sentado en aquél banco de la cubierta, observaba a Ayame, apoyada en la barandilla del crucero mirando el bramar de las olas y los remolinos del País de los Remolinos.
Daruu apoyó las manos en los muslos y se levantó.
—Eh, compañero, vamos un rato con ella. A ver si nos tranquilizamos todos un poco —le dijo a su acompañante.
Se acercó a la barandilla junto a Ayame y se dejó caer también sobre ella derritiéndose sobre el hierro.
—Un bonito atardecer —señaló Daruu. El cielo se teñía de naranjas, añiles, púrpuras y rosas—. ¿Verdad, Kaido-kun?
Daruu apoyó las manos en los muslos y se levantó.
—Eh, compañero, vamos un rato con ella. A ver si nos tranquilizamos todos un poco —le dijo a su acompañante.
Se acercó a la barandilla junto a Ayame y se dejó caer también sobre ella derritiéndose sobre el hierro.
—Un bonito atardecer —señaló Daruu. El cielo se teñía de naranjas, añiles, púrpuras y rosas—. ¿Verdad, Kaido-kun?
![[Imagen: K02XwLh.png]](https://i.imgur.com/K02XwLh.png)