25/06/2018, 21:01
(Última modificación: 25/06/2018, 23:03 por Aotsuki Ayame.)
Un súbito sonido la sacó de sus pensamientos. Como recién despierta de un profundo sueño, Ayame giró la cabeza justo cuando Daruu y Kaido se dejaban caer sobre la barandilla junto a ella.
—Un bonito atardecer ¿Verdad, Kaido-kun? —dijo el primero, con la mirada perdida en el cielo.
Y aunque no se había dirigido a ella, Ayame no pudo quitarle la razón. Para ella, habituada a ocasos siempre grises, siempre lluviosos, ante sus ojos se estaba dibujando un auténtico óleo de acrílicos creado por una mano invisible experta en arte. Pinceladas rosas, purpúreas, y añiles se dispersaban por el lienzo que constituía el cielo rosado, intercalándose con nubes dispersas que parecían en llamas al ser bañadas por la mortecina luz del sol que se ocultaba en el oeste y creando una amalgama de colores que no estaba acostumbrada a ver.
—¡Oh, sí! maravilloso —respondió Kaido—. Aunque se me hará más bonito cuando tomemos el viaje de regreso, ya sabes; cuando traiga puesto mi chaleco de Chūnin. ¿O es que ya estás aquí maquinando cómo harás para arrebatárnoslo, eh Ayame-chan?
Ella sonrió, sacudiendo la cabeza para apartar la maliciosa vocecilla que se empeñaba en susurrarle al oído que quizás aquella sería su única oportunidad para conseguirlo y despertar así sus inseguridades.
—No... más bien me estaba preguntando cómo voy a conseguir ese chaleco. —replicó, apretando los dedos en torno a la barandilla—. Seguro que se presentarán los genin más fuertes de Uzushiogakure y de Kusagakure...
«Y entre ellos estarán sin duda...» Entrecerró los ojos, con la mirada perdida en las aguas del mar.
—Un bonito atardecer ¿Verdad, Kaido-kun? —dijo el primero, con la mirada perdida en el cielo.
Y aunque no se había dirigido a ella, Ayame no pudo quitarle la razón. Para ella, habituada a ocasos siempre grises, siempre lluviosos, ante sus ojos se estaba dibujando un auténtico óleo de acrílicos creado por una mano invisible experta en arte. Pinceladas rosas, purpúreas, y añiles se dispersaban por el lienzo que constituía el cielo rosado, intercalándose con nubes dispersas que parecían en llamas al ser bañadas por la mortecina luz del sol que se ocultaba en el oeste y creando una amalgama de colores que no estaba acostumbrada a ver.
—¡Oh, sí! maravilloso —respondió Kaido—. Aunque se me hará más bonito cuando tomemos el viaje de regreso, ya sabes; cuando traiga puesto mi chaleco de Chūnin. ¿O es que ya estás aquí maquinando cómo harás para arrebatárnoslo, eh Ayame-chan?
Ella sonrió, sacudiendo la cabeza para apartar la maliciosa vocecilla que se empeñaba en susurrarle al oído que quizás aquella sería su única oportunidad para conseguirlo y despertar así sus inseguridades.
—No... más bien me estaba preguntando cómo voy a conseguir ese chaleco. —replicó, apretando los dedos en torno a la barandilla—. Seguro que se presentarán los genin más fuertes de Uzushiogakure y de Kusagakure...
«Y entre ellos estarán sin duda...» Entrecerró los ojos, con la mirada perdida en las aguas del mar.

![[Imagen: kQqd7V9.png]](https://i.imgur.com/kQqd7V9.png)