15/09/2018, 11:35
(Última modificación: 15/09/2018, 11:35 por Aotsuki Ayame.)
Ayame escuchó con suma atención todo lo que Daruu tenía por contar. No intervino en ningún momento ni llegó a interrumpirle. Ella ya sabía algunos de los datos, contados por Shanise; pero todo su mundo se vino abajo cuando Daruu le relató cómo Eri le esposó por orden de Akame.
—No puede ser... —susurró con un hilo de voz, con el rostro lívido.
Eri. Uzumaki Eri. La única persona en aquella aldea a la que había llegado a considerar una verdadera amiga. Eri. Los recuerdos del sonido de su flauta y su propia voz entremezclándose ante una multitud en Taikarune llenaron sus oídos, los recuerdos del batido compartido inundaron sus ojos y los de la pizza que habían compartido hacía apenas unos días echaron a rodar sus lágrimas. Eri. Uzumaki Eri. La misma que le había salvado la vida, casi había condenado la de Daruu. Tenía que tratarse de un error. Seguramente Eri se había visto obligada a cumplir la orden de Akame como superior. Quería creerlo. Tenía que ser eso, porque la Eri que ella conocía jamás haría algo así... ¿no?
Tampoco quedaba claro por qué habían esposado a Daruu después de sellarla. No tenía sentido, lo mirara por donde lo mirara. Él no se iba a negar a volver, ni se iba a negar a que la trataran en el hospital. Pero si no pretendían secuestrarlos, ¿por qué le esposaron a él y después la trataron a ella?
«Akame tenía otros planes separados de los de su kage.» Comprendió Ayame, apretando los puños con rabia y miedo contenidos en un mismo recipiente. ¿Y qué pasaría si cualquiera de los dos volvía a cruzarse con él?
Sin embargo, para rematar el redoble de tambores, llegó la traca final. Ante la comprensible rabia de Daruu de verse esposado sin ningún tipo de explicación más que una supuesta precaución y separado de Ayame, ¡el Uzukage amenazó con matarlos a ambos si no se disculpaba! Fue ahí cuando Daruu perdió toda compostura, intentó apuñalar a Akame por la espalda, terminó con la nariz rota y casi podía dar las gracias por no haber acabado muerto.
—¡No deberías haber hecho eso...! —susurró Ayame, con un débil hilo de voz.
El relato terminó y Ayame se abrazó las rodillas con ambos brazos. Toda la información zumbaba en su cabeza como un enjambre de abejas furiosas y confundidas. Akame los había teletransportado. Eri la había sellado. Eri había esposado a Daruu. Akame los había devuelto al hospital de Uzushiogakure. Un secuestro sin sentido. Una amenaza de muerte del Uzukage. El intento de asesinato en defensa propia de Daruu. Daruu con la nariz rota. Daruu casi muerto. Uzushiogakure...
—Todo el mundo habla de la belleza de los cerezos de Uzushiogakure —comentó Ayame en voz baja y lenta, paladeando cada palabra. Por su mente pasaron varias imágenes: Uchiha Datsue, con sus venganzas y mentiras; Uchiha Akame, con sus secuestros y sus mentiras; Sasaki Reiji, defensor de las estafadores con más mentiras; Nabi, quien le arrojó una hez de su perro; Eri... Eri...—. Pero yo sólo he visto un manojo de cerezas podridas.
Era irónico que la única persona que se había portado bien con ella allí, aparte de sus compañeros, hubiese sido, precisamente, un shinobi de Kusagakure.
Ayame volvió a apretar los puños, con un dolor vacío en su pecho.
—Bueno, basta de andar disculpándose, coño —espetó Kaido—. No quiero más lamentos en este barco, o les tiro por la borda a los dos, cabrones —bromeó, y Ayame esbozó una amarga y débil sonrisa—. Ahora sólo hay que esperar a ver qué es lo que hará Yui-sama cuando se entere de toda esta mierda. Pff, esos Uzujin no tienen idea de a quién se la están jugando. ¿Qué creéis que suceda con el pacto? ¿Y con el Chunin?
Pero Ayame había vuelto a palidecer al oír el nombre de su Arashikage. Con un profundo suspiro, y temblando como una hoja de otoño, volvió a enterrar la cabeza entre las rodillas.
—Sobre el Pacto y el examen no tengo ni idea, pero desde luego yo me puedo olvidar del chaleco... —afirmó, con un doloroso nudo en la garganta. Adiós a su plan de hacerle frente a su padre después de conseguir ascender a Rango Medio—. Lo que sí se es que me va a matar. Eso va a pasar. Lo de hoy... no ha sido la única vez... No ha sido la única vez que he perdido el control en esta aldea...
—No puede ser... —susurró con un hilo de voz, con el rostro lívido.
Eri. Uzumaki Eri. La única persona en aquella aldea a la que había llegado a considerar una verdadera amiga. Eri. Los recuerdos del sonido de su flauta y su propia voz entremezclándose ante una multitud en Taikarune llenaron sus oídos, los recuerdos del batido compartido inundaron sus ojos y los de la pizza que habían compartido hacía apenas unos días echaron a rodar sus lágrimas. Eri. Uzumaki Eri. La misma que le había salvado la vida, casi había condenado la de Daruu. Tenía que tratarse de un error. Seguramente Eri se había visto obligada a cumplir la orden de Akame como superior. Quería creerlo. Tenía que ser eso, porque la Eri que ella conocía jamás haría algo así... ¿no?
Tampoco quedaba claro por qué habían esposado a Daruu después de sellarla. No tenía sentido, lo mirara por donde lo mirara. Él no se iba a negar a volver, ni se iba a negar a que la trataran en el hospital. Pero si no pretendían secuestrarlos, ¿por qué le esposaron a él y después la trataron a ella?
«Akame tenía otros planes separados de los de su kage.» Comprendió Ayame, apretando los puños con rabia y miedo contenidos en un mismo recipiente. ¿Y qué pasaría si cualquiera de los dos volvía a cruzarse con él?
Sin embargo, para rematar el redoble de tambores, llegó la traca final. Ante la comprensible rabia de Daruu de verse esposado sin ningún tipo de explicación más que una supuesta precaución y separado de Ayame, ¡el Uzukage amenazó con matarlos a ambos si no se disculpaba! Fue ahí cuando Daruu perdió toda compostura, intentó apuñalar a Akame por la espalda, terminó con la nariz rota y casi podía dar las gracias por no haber acabado muerto.
—¡No deberías haber hecho eso...! —susurró Ayame, con un débil hilo de voz.
El relato terminó y Ayame se abrazó las rodillas con ambos brazos. Toda la información zumbaba en su cabeza como un enjambre de abejas furiosas y confundidas. Akame los había teletransportado. Eri la había sellado. Eri había esposado a Daruu. Akame los había devuelto al hospital de Uzushiogakure. Un secuestro sin sentido. Una amenaza de muerte del Uzukage. El intento de asesinato en defensa propia de Daruu. Daruu con la nariz rota. Daruu casi muerto. Uzushiogakure...
—Todo el mundo habla de la belleza de los cerezos de Uzushiogakure —comentó Ayame en voz baja y lenta, paladeando cada palabra. Por su mente pasaron varias imágenes: Uchiha Datsue, con sus venganzas y mentiras; Uchiha Akame, con sus secuestros y sus mentiras; Sasaki Reiji, defensor de las estafadores con más mentiras; Nabi, quien le arrojó una hez de su perro; Eri... Eri...—. Pero yo sólo he visto un manojo de cerezas podridas.
Era irónico que la única persona que se había portado bien con ella allí, aparte de sus compañeros, hubiese sido, precisamente, un shinobi de Kusagakure.
Ayame volvió a apretar los puños, con un dolor vacío en su pecho.
—Bueno, basta de andar disculpándose, coño —espetó Kaido—. No quiero más lamentos en este barco, o les tiro por la borda a los dos, cabrones —bromeó, y Ayame esbozó una amarga y débil sonrisa—. Ahora sólo hay que esperar a ver qué es lo que hará Yui-sama cuando se entere de toda esta mierda. Pff, esos Uzujin no tienen idea de a quién se la están jugando. ¿Qué creéis que suceda con el pacto? ¿Y con el Chunin?
Pero Ayame había vuelto a palidecer al oír el nombre de su Arashikage. Con un profundo suspiro, y temblando como una hoja de otoño, volvió a enterrar la cabeza entre las rodillas.
—Sobre el Pacto y el examen no tengo ni idea, pero desde luego yo me puedo olvidar del chaleco... —afirmó, con un doloroso nudo en la garganta. Adiós a su plan de hacerle frente a su padre después de conseguir ascender a Rango Medio—. Lo que sí se es que me va a matar. Eso va a pasar. Lo de hoy... no ha sido la única vez... No ha sido la única vez que he perdido el control en esta aldea...

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