16/09/2018, 02:25
Kaido, aquella vez, estuvo atento a los detalles. A aquel sutil aunque evidente gesto de Karamaru que le señalaba la salida con sus grandes ojos, y su brillante calva.
El gyojin asintió levemente, y se levantó de la silla sin dar la espalda al gordo que tenía frente a él, mientras por su mente repasaba todas las direcciones que tuvo que tomar para llegar a esa habitación, y dándole vuelta; para poder tener una idea más clara de los caminos que tendría que seguir para huir de la guarida de aquellos licoristas.
—Espero puedan ganarle el mercado a los Kusajin, compañeros —dijo—. Vamos, Karamaru. Nosotros tenemos cosas de las qué ocuparnos.
Sólo entonces anduvo de espalda hacia la puerta. Si nadie se lo impedía, desde luego.
El gyojin asintió levemente, y se levantó de la silla sin dar la espalda al gordo que tenía frente a él, mientras por su mente repasaba todas las direcciones que tuvo que tomar para llegar a esa habitación, y dándole vuelta; para poder tener una idea más clara de los caminos que tendría que seguir para huir de la guarida de aquellos licoristas.
—Espero puedan ganarle el mercado a los Kusajin, compañeros —dijo—. Vamos, Karamaru. Nosotros tenemos cosas de las qué ocuparnos.
Sólo entonces anduvo de espalda hacia la puerta. Si nadie se lo impedía, desde luego.
