16/09/2018, 16:30
(Última modificación: 16/09/2018, 16:48 por Aotsuki Ayame. Editado 3 veces en total.)
—Ay, no te preocupes, Ayame... tampoco creo que me den a mí el chaleco, después de todo lo que no me lo merez... —comenzó a decir Daruu, pero se detuvo en seco al reparar en el verdadero significado de las palabras de Ayame—. ¡Espera! ¿Cómo que no es la única vez que has perdido el control? ¿Qué más ha pasado?
Ayame escondió aún más el rostro entre las rodillas con un largo y pesado suspiro. Kaido se mantenía en silencio, pero ella era bien consciente de que la atención de ambos recaía sobre sus hombros como dos pesadas rocas.
—Creo que fue entre la primera y la segunda prueba. O entre la segunda y la tercera, no lo recuerdo bien... —comenzó a relatar, con un hilo de voz. El tiempo pasado en aquella condenada aldea se entremezclaba en su cabeza como un caótico remolino—. Me crucé con un chico de Uzushiogakure con un perro, no sé si lo conoceréis... Creo que se llamaba... Inuzuka Nabi. Primero empezó con que si estaba ocupando su sitio, que si yo era una mala persona por echarle cebolla a la comida, que si era una espía de Kusagakure... —soltó una risilla amarga—. Eran cosas totalmente fuera de sentido. Al principio creí que el chico no estaba en sus cabales, así que no le di demasiada importancia. Pero entonces... —se mordió el labio inferior, temblorosa—. Empezó a acusarme. Empezó a decir que era yo la que iba todo el rato detrás Uchiha Datsue, que si le estaba haciendo la vida imposible por un par de bromas, que pobrecito por todo lo que le estaba haciendo —Ayame apretó los puños, le hervía la sangre de sólo recordarlo—. ¡¿Pero qué narices sabía él y cómo se atrevía a meterse donde no le llamaban?! Me enfadé, pero lo último que quería enzarzarme en una pelea en una aldea que no era la mía. Por eso me levanté, dispuesta a irme... Y entonces me tiró una... caca de su perro... —culminó, con los ojos empañados y con el rostro encendido de ira y de vergüenza. Ni siquiera cuando soportaba el acoso en la Academia había sufrido algo así—. No pude controlarme y... No sé qué pasó después. Perdí el conocimiento de repente. Para cuando volví en mí, papá me dijo que dos ANBU me habían neutralizado y habían modificado los recuerdos de Nabi.
Calló, tras un último suspiro cargado de pesar. Pero no tardó en volver a utilizar la palabra tras alzar la mirada hacia sus dos compañeros. Necesitaba desahogarse. Descargar todo lo que había tenido durante aquellos días que habían terminado por pasar por una eternidad para ella:
—En esa aldea están todos locos. No sé qué demonios tienen en la cabeza —afirmó, ceño fruncido y puños apretados—. En otra ocasión me crucé con un shinobi espadachín que se hacía llamar Reiji y que me advirtió que no probara un juego con cubiletes y bolitas que un hombre estaba haciendo en la calle. Cuando le pregunté que por qué permitía estafas y engaños de ese tipo hacia la gente de su aldea me soltó que los ninjas éramos iguales que esos estafadores y que aquel pobre hombre sólo se estaba ganando la vida. ¡Que la gente sabía a lo que iba cuando apostaba por ese juego! ¿Cómo vas a apostar dinero por un juego que sabes que es imposible de ganar? ¡No tiene ningún sentido! ¡Y, por si fuera poco, cuando hice lo que él debería haber hecho y lancé tres senbon a los cubiletes para demostrarle a la gente que estaban siendo engañados me acusó de haber atacado a un civil! ¿Pero es que estamos locos o qué pasa? ¿No hay nadie con sentido común en Uzushiogakure?
Ayame escondió aún más el rostro entre las rodillas con un largo y pesado suspiro. Kaido se mantenía en silencio, pero ella era bien consciente de que la atención de ambos recaía sobre sus hombros como dos pesadas rocas.
—Creo que fue entre la primera y la segunda prueba. O entre la segunda y la tercera, no lo recuerdo bien... —comenzó a relatar, con un hilo de voz. El tiempo pasado en aquella condenada aldea se entremezclaba en su cabeza como un caótico remolino—. Me crucé con un chico de Uzushiogakure con un perro, no sé si lo conoceréis... Creo que se llamaba... Inuzuka Nabi. Primero empezó con que si estaba ocupando su sitio, que si yo era una mala persona por echarle cebolla a la comida, que si era una espía de Kusagakure... —soltó una risilla amarga—. Eran cosas totalmente fuera de sentido. Al principio creí que el chico no estaba en sus cabales, así que no le di demasiada importancia. Pero entonces... —se mordió el labio inferior, temblorosa—. Empezó a acusarme. Empezó a decir que era yo la que iba todo el rato detrás Uchiha Datsue, que si le estaba haciendo la vida imposible por un par de bromas, que pobrecito por todo lo que le estaba haciendo —Ayame apretó los puños, le hervía la sangre de sólo recordarlo—. ¡¿Pero qué narices sabía él y cómo se atrevía a meterse donde no le llamaban?! Me enfadé, pero lo último que quería enzarzarme en una pelea en una aldea que no era la mía. Por eso me levanté, dispuesta a irme... Y entonces me tiró una... caca de su perro... —culminó, con los ojos empañados y con el rostro encendido de ira y de vergüenza. Ni siquiera cuando soportaba el acoso en la Academia había sufrido algo así—. No pude controlarme y... No sé qué pasó después. Perdí el conocimiento de repente. Para cuando volví en mí, papá me dijo que dos ANBU me habían neutralizado y habían modificado los recuerdos de Nabi.
Calló, tras un último suspiro cargado de pesar. Pero no tardó en volver a utilizar la palabra tras alzar la mirada hacia sus dos compañeros. Necesitaba desahogarse. Descargar todo lo que había tenido durante aquellos días que habían terminado por pasar por una eternidad para ella:
—En esa aldea están todos locos. No sé qué demonios tienen en la cabeza —afirmó, ceño fruncido y puños apretados—. En otra ocasión me crucé con un shinobi espadachín que se hacía llamar Reiji y que me advirtió que no probara un juego con cubiletes y bolitas que un hombre estaba haciendo en la calle. Cuando le pregunté que por qué permitía estafas y engaños de ese tipo hacia la gente de su aldea me soltó que los ninjas éramos iguales que esos estafadores y que aquel pobre hombre sólo se estaba ganando la vida. ¡Que la gente sabía a lo que iba cuando apostaba por ese juego! ¿Cómo vas a apostar dinero por un juego que sabes que es imposible de ganar? ¡No tiene ningún sentido! ¡Y, por si fuera poco, cuando hice lo que él debería haber hecho y lancé tres senbon a los cubiletes para demostrarle a la gente que estaban siendo engañados me acusó de haber atacado a un civil! ¿Pero es que estamos locos o qué pasa? ¿No hay nadie con sentido común en Uzushiogakure?

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