29/10/2018, 18:38
—Claro, claro, se parece a Muonoka —comento, aun luciendo una sonrisa—. Veo que también eres una persona de cultura: son pocos los que han leído aquellos relatos, y menos aun los que se han atrevido a terminarlos. Luego, si tengo la oportunidad, te contare algo interesante respecto al origen de aquel misterioso y no tan ficticio lugar.
Ryuko palideció por un instante, algo en shock por las ultimas palabras destinadas a ella, incluso había pasado por alto el compartir gustos.
— E-E-Espera ¿¡Q-Que acabas de decir!? — preguntó aterrada por sus comentarios, pero Kazuma ya se había adelantado un poco, adentrándose un poco.
En el interior del poblado, la densidad de la niebla era mucho menor, pero los edificios mas lejanos no eran tan sencillos de vislumbrar. Si el pueblo tuviera edificios mas altos, seguramente no se vería los últimos pisos o techos de estos. Pese al lúgubre lugar, aldeanos, comerciantes y viajeros cruzaban las calles, acostumbrados ya a aquel clima, por lo que aunque fuera solo la presencia de gente en las calles, lo descatalogaba de pueblo fantasma. Sin embargo, estos les observaban con desconfianza, y dirigiendo miradas poco amistosas; los mas mayores, les observaban con detenimiento en la lejanía y cuchicheaban entre ellos.
— ¡Pero no se te ocurra dejarme aquí después de soltarme eso y largarte tan ancho! — gritó algo aterrada cuando se percato de las miradas descaradas, acelerando entonces lo antes posible su paso para finalmente alcanzarlo; ahora tenía aun menos ganas de moverse sola por Sakemura.
—Ese de allá debe ser un bar, vamos —dijo, luego de señalar el local.
Ryuko se limitó a asentir y seguir a su guía.
Ryuko palideció por un instante, algo en shock por las ultimas palabras destinadas a ella, incluso había pasado por alto el compartir gustos.
— E-E-Espera ¿¡Q-Que acabas de decir!? — preguntó aterrada por sus comentarios, pero Kazuma ya se había adelantado un poco, adentrándose un poco.
En el interior del poblado, la densidad de la niebla era mucho menor, pero los edificios mas lejanos no eran tan sencillos de vislumbrar. Si el pueblo tuviera edificios mas altos, seguramente no se vería los últimos pisos o techos de estos. Pese al lúgubre lugar, aldeanos, comerciantes y viajeros cruzaban las calles, acostumbrados ya a aquel clima, por lo que aunque fuera solo la presencia de gente en las calles, lo descatalogaba de pueblo fantasma. Sin embargo, estos les observaban con desconfianza, y dirigiendo miradas poco amistosas; los mas mayores, les observaban con detenimiento en la lejanía y cuchicheaban entre ellos.
— ¡Pero no se te ocurra dejarme aquí después de soltarme eso y largarte tan ancho! — gritó algo aterrada cuando se percato de las miradas descaradas, acelerando entonces lo antes posible su paso para finalmente alcanzarlo; ahora tenía aun menos ganas de moverse sola por Sakemura.
—Ese de allá debe ser un bar, vamos —dijo, luego de señalar el local.
Ryuko se limitó a asentir y seguir a su guía.