2/11/2018, 22:05
Shida arrugó el semblante cuando Riko le preguntó aquello. ¿Que a quiénes debían tomar en cuenta?
Porqué no mejor a quién.
—Hay una que me preocupa por sobre el resto. Se llama Tonemi. Una habilidosa carterista que forjó su fortuna a costa de sus cuatros maridos y que los encantó a todos con sus grandes atributos. Todos ellos muertos en extrañas circunstancias, si me lo preguntas. En fin, que esa mujer no encontró otro hobbie mejor que el de coleccionar arte. Está de más decir que su interés no se quedó en cuadros famosos y menesteres de ese estilo —refunfuñó, rencoroso, y volvió a beber de su té tras un tendido silencio incómodo—. ah, y mi ex-esposa. Aunque es un detalle sin importancia.
Pues ... no. No lo era. ¿De quién había aprendido a moverse en el mundo del coleccionismo?
Evidentemente, de él. Era el creador de ese monstruo; pensaba.
Porqué no mejor a quién.
—Hay una que me preocupa por sobre el resto. Se llama Tonemi. Una habilidosa carterista que forjó su fortuna a costa de sus cuatros maridos y que los encantó a todos con sus grandes atributos. Todos ellos muertos en extrañas circunstancias, si me lo preguntas. En fin, que esa mujer no encontró otro hobbie mejor que el de coleccionar arte. Está de más decir que su interés no se quedó en cuadros famosos y menesteres de ese estilo —refunfuñó, rencoroso, y volvió a beber de su té tras un tendido silencio incómodo—. ah, y mi ex-esposa. Aunque es un detalle sin importancia.
Pues ... no. No lo era. ¿De quién había aprendido a moverse en el mundo del coleccionismo?
Evidentemente, de él. Era el creador de ese monstruo; pensaba.
