Otoño-Invierno de 221

Fecha fijada indefinidamente con la siguiente ambientación: Los ninjas de las Tres Grandes siguen luchando contra el ejército de Kurama allá donde encuentran un bastión sin conquistar. Debido a las recientes provocaciones del Nueve Colas, los shinobi y kunoichi atacan con fiereza en nombre de la victoria. Kurama y sus generales se encuentran acorralados en las Tierras Nevadas del Norte, en el País de la Tormenta. Pero el invierno está cerca e impide que cualquiera de los dos bandos avance, dejando Oonindo en una situación de guerra fría, con pequeñas operaciones aquí y allá. Las villas requieren de financiación tras la pérdida de efectivos en la guerra, y los criminales siguen actuando sobre terreno salpicado por la sangre de aliados y enemigos, por lo que los ninjas también son enviados a misiones de todo tipo por el resto del mundo, especialmente aquellos que no están preparados para enfrentarse a las terribles fuerzas del Kyuubi.
#3
Justo te iba a ir a buscar. Hoy necesito de tu ayuda con algo . ¿Puegho ofghecegos algo? Ah. Egstamos en pegigro mogtal. La Viga está en aleghta roga. ¿Te entegaste?

Le seguí y me senté en una silla vacía asín, sin un buenos días ni nada. El asunto que nos ocupaba tenía una importancia vital.

Entiendo que me necesites, ¿quien no? Pero antes de enzarzarnos en una compleja y profunda narración sobre tus hazañas. Tio, la puta cabeza del kage de Amegakure. ¡Y no me dices nada! ¡Indignado estoy! ¡Indignado me siento! ¿Cómo se te ocurre? Aparte de que vas a provocar la tercera guerra shinobi, si es que ha habido otras dos, porque ya no me acuerdo de una mierda de lo que nos explicaban en la Academia. ¡Pero ese no es el tema! ¿Qué coño has hecho? ¿Y por qué no me avisaste? Podríamos haber acumulado heces de perro y haber cubierto toda la estatua en vez de cortarle la cabeza.

Le expuse mi punto manteniendo la compostura e ignorando su charla con la boca llena. Vale que tenía un entendimiento superior a la media, podía entender perros pero no a gente guarra que es incapaz de hablar sin comer. A esos no. A los perros sí. Nunca verás a un perro ladrar comiendo, no son unos maleducados.

En cualquier caso, estaba indignado y eso demostraba con mi postura de brazos cruzados y ceño fruncido. Indignación era mi definición. Hasta los cojones me tenían, siempre teniendo que ir detrás de la gente para enterarme de las cosas, yo también tenía sentimientos. Pocos y la mayoría genocidas, pero los tenía.
Nabi
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RE: Los lios de Datsue, volumen XVIII - por Inuzuka Nabi - 12/12/2018, 17:30


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