20/01/2019, 02:07
Eso mismo se preguntaría Ranko días después: ¿de dónde había sacado valor para hablar así? Tal vez era la actitud de Rōga, tan confiada e intensa, la que le inspiraba a ser un poquito más así.
—¡L-lo siento! ¡No me sale ese sonido! —Se disculpó, sin perder su posición.
Creía estar preparada para repeler y contraatacar cualquier movimiento de su contrincante, a excepción de jutsus Raiton. Sin embargo, su sonrisa, aquella tímida y desafiante a la vez, se desvaneció cuando Rōga desapareció. Mucho después, se daría cuenta de que ya había visto esa técnica, aunque desconocía su nombre, en los entrenamientos con su madre. Pero en ese momento, quedó atónita ante el jutsu.
”¡No…!”
Instintivamente, giró la cabeza, buscando a su contrincante. Apenas lo vio con el rabillo del ojo. Su codo estaba cubierto de relámpagos. El tiempo se detuvo, o al menos la adrenalina le hizo sentir eso.
Recordó, en un instante, todas las prácticas con su madre. Recordó cómo la había motivado a levantarse siempre, a retarse a sí misma, a golpear con la última gota de energía que tuviera.
”Es aquí. Aquí y así es como surgen los héroes. Justo en el momento en el que están a punto de perder. ¡Vamos, Ranko! ¡Conviértete en una heroína! ¡A la de ya! ¡Hachimon tonkō! ¡Hachimon tonkō! ¡Kaimon!
Pero su cuerpo no reaccionó. Tenía que reaccionar, ¿no? Tenía que abrir la primera puerta. Tenía que voltearse a la velocidad del rayo y bloquear la técnica de Rōga. Tenía que demostrar que era más fuerte. Tenía que hacerlo.
”¡HACHIMON...!”
”No estás lista.”
El dolor del impacto contundente y eléctrico de la técnica del peliazul apagó la voz de su madre. Ranko gritó mientras la electricidad recorría su cuerpo, dañandole hasta el alma. El golpe la lanzó hacia un lado, despegándola del suelo. En lo que caía, vio a su madre, levantando el muñón de un brazo ausente. Vio a su hermana, rompiendo su brazo. Vio a su padre, ajustándole las ventas del brazo cuando ella estuvo en el hospital.
Vio una montaña alzarse, con todos los que conocía en la punta, y ella en la parte más baja y más oscura.
Cuando cayó al agua, sus pensamientos se limpiaron un poco. Vio a su madre, enseñándole las primeras posturas del Hakuto no Mai, aun cuando seguía convaleciente. Vio a su hermana, retándola y animándola a patear más fuerte. Vio a su padre, ajustándole los protectores de cuero en sus brazos. Vio su propia mano, saliendo del agua para sostenerse de la superficie con chakra.
Se sentía como un barril de pólvora con una mecha mojada. Su espíritu podría haber seguido si su cuerpo no hubiese estado a punto de caer rendido. Dio gracias a los dioses por poder controlar el chakra a un nivel suficiente como para caminar sobre el agua. Se arrastró, concentrando chakra a lo largo de su cuerpo, y sacó el torso al aire.
Alcanzó a ver cómo Rōga se hundía hasta el cuello. No supo si pensar si había sido a propósito o no. Tal vez le había dado un calambre, tal vez estaba pensando hacer un ataque acuático para acabar definitivamente con la chica. Sentía que Rōga era arrogante, mas no sabía aún si era malvado o no.
Tan rápido como el dolor le permitía, Ranko se incorporó, encorvada y cojeando del lado donde le había golpeado el peliazul. Anduvo unos pasos antes de detenerse para respirar. Sus pies se hundían unos centímetros en la superficie, pues le costaba un poco concentrar el chakra.
—¿E-está… está bien, Ki-Kin…? —Alcanzó a preguntar apenas, antes de que su pierna cediera y cayera con esa rodilla contra el agua. Le costaba un poco respirar.
”Rayos… Rayos, rayos, rayos… Si Kingu-san es un ninja vengativo de Uzushiogakure que busca atacar Kusagakure… creo que esta es una pésima posición para mí… Pero él no lo es, ¿verdad?”
Intentaría acercársele y, de ser posible, ayudarlo a mantenerse a flote, aunque lentamente y con el cuerpo muy adolorido. No se le había olvidado que el chico podía nadar, solo no sabía cuál era su problema, o por qué de repente había caído.
—¡L-lo siento! ¡No me sale ese sonido! —Se disculpó, sin perder su posición.
Creía estar preparada para repeler y contraatacar cualquier movimiento de su contrincante, a excepción de jutsus Raiton. Sin embargo, su sonrisa, aquella tímida y desafiante a la vez, se desvaneció cuando Rōga desapareció. Mucho después, se daría cuenta de que ya había visto esa técnica, aunque desconocía su nombre, en los entrenamientos con su madre. Pero en ese momento, quedó atónita ante el jutsu.
”¡No…!”
Instintivamente, giró la cabeza, buscando a su contrincante. Apenas lo vio con el rabillo del ojo. Su codo estaba cubierto de relámpagos. El tiempo se detuvo, o al menos la adrenalina le hizo sentir eso.
Recordó, en un instante, todas las prácticas con su madre. Recordó cómo la había motivado a levantarse siempre, a retarse a sí misma, a golpear con la última gota de energía que tuviera.
”Es aquí. Aquí y así es como surgen los héroes. Justo en el momento en el que están a punto de perder. ¡Vamos, Ranko! ¡Conviértete en una heroína! ¡A la de ya! ¡Hachimon tonkō! ¡Hachimon tonkō! ¡Kaimon!
Pero su cuerpo no reaccionó. Tenía que reaccionar, ¿no? Tenía que abrir la primera puerta. Tenía que voltearse a la velocidad del rayo y bloquear la técnica de Rōga. Tenía que demostrar que era más fuerte. Tenía que hacerlo.
”¡HACHIMON...!”
”No estás lista.”
El dolor del impacto contundente y eléctrico de la técnica del peliazul apagó la voz de su madre. Ranko gritó mientras la electricidad recorría su cuerpo, dañandole hasta el alma. El golpe la lanzó hacia un lado, despegándola del suelo. En lo que caía, vio a su madre, levantando el muñón de un brazo ausente. Vio a su hermana, rompiendo su brazo. Vio a su padre, ajustándole las ventas del brazo cuando ella estuvo en el hospital.
Vio una montaña alzarse, con todos los que conocía en la punta, y ella en la parte más baja y más oscura.
Cuando cayó al agua, sus pensamientos se limpiaron un poco. Vio a su madre, enseñándole las primeras posturas del Hakuto no Mai, aun cuando seguía convaleciente. Vio a su hermana, retándola y animándola a patear más fuerte. Vio a su padre, ajustándole los protectores de cuero en sus brazos. Vio su propia mano, saliendo del agua para sostenerse de la superficie con chakra.
Se sentía como un barril de pólvora con una mecha mojada. Su espíritu podría haber seguido si su cuerpo no hubiese estado a punto de caer rendido. Dio gracias a los dioses por poder controlar el chakra a un nivel suficiente como para caminar sobre el agua. Se arrastró, concentrando chakra a lo largo de su cuerpo, y sacó el torso al aire.
Alcanzó a ver cómo Rōga se hundía hasta el cuello. No supo si pensar si había sido a propósito o no. Tal vez le había dado un calambre, tal vez estaba pensando hacer un ataque acuático para acabar definitivamente con la chica. Sentía que Rōga era arrogante, mas no sabía aún si era malvado o no.
Tan rápido como el dolor le permitía, Ranko se incorporó, encorvada y cojeando del lado donde le había golpeado el peliazul. Anduvo unos pasos antes de detenerse para respirar. Sus pies se hundían unos centímetros en la superficie, pues le costaba un poco concentrar el chakra.
—¿E-está… está bien, Ki-Kin…? —Alcanzó a preguntar apenas, antes de que su pierna cediera y cayera con esa rodilla contra el agua. Le costaba un poco respirar.
”Rayos… Rayos, rayos, rayos… Si Kingu-san es un ninja vengativo de Uzushiogakure que busca atacar Kusagakure… creo que esta es una pésima posición para mí… Pero él no lo es, ¿verdad?”
Intentaría acercársele y, de ser posible, ayudarlo a mantenerse a flote, aunque lentamente y con el cuerpo muy adolorido. No se le había olvidado que el chico podía nadar, solo no sabía cuál era su problema, o por qué de repente había caído.
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