25/01/2019, 17:02
—Bah, ya le conoces —respondió a Eri—. Nabi se gusta hacer de rogar. Te presento a Hasshaki Annaisha, Sensei de la Academia desde el año pasado cuando… Ehm…
—¿Ehm...? —repitió la kunoichi, pero antes de que Datsue pudiera seguir, la mujer que acababa de presentarle continuó por él.
—Desde que me dejaron coja en una misión. Tranquilo, puedes decirlo. Encantada de conocerte en persona, Eri-san.
—El placer es mío, Annaisha-san —respondió, inclinando la cabeza ligeramente a modo de saludo. «No mires la pierna... O mejor dicho, la que no tiene...», se recordó mentalmente, pues parecía tener un imán para esas cosas una vez las descubría.
—Le pedí que viniese al combate, por si se nos escapaba alguna amputación de miembros o algo por el estilo.
Eri se alarmó, mirando por primera vez al Uchiha con cara de horror. ¿Qué iban a hacer, una batalla a muerte? Luego miró a la mujer, que parecía alarmada por sus palabras, y pudo sentir que al menos ella no era la única en pensar que Datsue estaba exagerando. Datsue y Annaisha comenzaron a discutir entre ellos, hasta que...
—¡Eri-san! ¡Eri-san! ¿P-puedes firmarme un autógrafo?
—¿Eh? —musitó la muchacha, asustándose ante la repentina petición de una niña que allí se encontraba junto con su sensei, dándole papel y bolígrafo—. Pero... Yo... —Una cosa que tenía claro era que Uzumaki Eri no era heroína de nada, ni buena en su trabajo, solo hacía lo que sentía lo correcto, así que nunca se esperó que una muchachilla le pidiera un autógrafo, es más, su firma era lo más cursi del planeta.
—¡Eri-senpai! —saltó otro—. ¿Puedo sacarme una foto contigo?
Lo que le faltaba, una foto. Corriendo se giró a Datsue, pidiéndole por los ojos que la ayudase en todo aquel embrollo. Él era el que montaba espectáculo, no ella, ¡por el amor de Shiona-sama!
—Está b-
—¡Eri-sama, Eri-sama! ¿Es cierto que detuviste a un bijuu tú… sola?
Antes de que pudiera contestar negativamente, una oleada de niños coreó a quien había afirmado esa burrada, hasta que...
—¿Es cierto que tuviste una cita con Hanabi-sama el otro día?
Baam. El rostro de Eri se sonrojó totalmente ante tal ataque gratuito. ¿Cómo iban a pensar que ella y el mismísimo Uzukage...? Oh dios, no, no podía permitírselo. Volvió a mirar a Datsue, a punto de estallar, tanto por el color de sus mejillas como el avasallamiento de preguntas que le habían hecho en un momento.
—Yo... Yo... —repetía una y otra vez.
Eri no era para nada buena con la fama.
—¿Ehm...? —repitió la kunoichi, pero antes de que Datsue pudiera seguir, la mujer que acababa de presentarle continuó por él.
—Desde que me dejaron coja en una misión. Tranquilo, puedes decirlo. Encantada de conocerte en persona, Eri-san.
—El placer es mío, Annaisha-san —respondió, inclinando la cabeza ligeramente a modo de saludo. «No mires la pierna... O mejor dicho, la que no tiene...», se recordó mentalmente, pues parecía tener un imán para esas cosas una vez las descubría.
—Le pedí que viniese al combate, por si se nos escapaba alguna amputación de miembros o algo por el estilo.
Eri se alarmó, mirando por primera vez al Uchiha con cara de horror. ¿Qué iban a hacer, una batalla a muerte? Luego miró a la mujer, que parecía alarmada por sus palabras, y pudo sentir que al menos ella no era la única en pensar que Datsue estaba exagerando. Datsue y Annaisha comenzaron a discutir entre ellos, hasta que...
—¡Eri-san! ¡Eri-san! ¿P-puedes firmarme un autógrafo?
—¿Eh? —musitó la muchacha, asustándose ante la repentina petición de una niña que allí se encontraba junto con su sensei, dándole papel y bolígrafo—. Pero... Yo... —Una cosa que tenía claro era que Uzumaki Eri no era heroína de nada, ni buena en su trabajo, solo hacía lo que sentía lo correcto, así que nunca se esperó que una muchachilla le pidiera un autógrafo, es más, su firma era lo más cursi del planeta.
—¡Eri-senpai! —saltó otro—. ¿Puedo sacarme una foto contigo?
Lo que le faltaba, una foto. Corriendo se giró a Datsue, pidiéndole por los ojos que la ayudase en todo aquel embrollo. Él era el que montaba espectáculo, no ella, ¡por el amor de Shiona-sama!
—Está b-
—¡Eri-sama, Eri-sama! ¿Es cierto que detuviste a un bijuu tú… sola?
Antes de que pudiera contestar negativamente, una oleada de niños coreó a quien había afirmado esa burrada, hasta que...
—¿Es cierto que tuviste una cita con Hanabi-sama el otro día?
Baam. El rostro de Eri se sonrojó totalmente ante tal ataque gratuito. ¿Cómo iban a pensar que ella y el mismísimo Uzukage...? Oh dios, no, no podía permitírselo. Volvió a mirar a Datsue, a punto de estallar, tanto por el color de sus mejillas como el avasallamiento de preguntas que le habían hecho en un momento.
—Yo... Yo... —repetía una y otra vez.
Eri no era para nada buena con la fama.
![[Imagen: ksQJqx9.png]](https://i.imgur.com/ksQJqx9.png)