1/02/2019, 19:50
Y al final acabaron en una especie de paraíso de la comida.
Ayame nunca había estado en uno de aquellos "Come todo lo que puedas", ya que su padre siempre los había considerado poco saludables. Pero ahora que Shanise le había abierto los ojos no había vuelta atrás: por una cuota fija podías comer... ¡todo lo que quisieras! A la muchacha le costó creerlo al principio, ¿qué clase de negocio podía beneficiarse de algo así? Pero después de preguntar una y otra vez, tanto a la propia Shanise como a los encargados que pululaban por allí, se dio cuenta al fin de que era cierto. Podía comer todo-lo-que-quisiera. Y, desde luego, no perdió la oportunidad de probarlo todo: platos de espagueti con carbonara, porciones de pizza, hamburguesas, carne en su salsa... Ni siquiera los postres se libraron de su voraz apetito. Porque... ¡Oh, qué postres! Habría sido un desperdicio no dejar hueco para aquellas deliciosas tartas. Además, como se suele decir, existe un segundo estómago que es al que van todos los postres.
—Bueno... creo que con esto basta, ¿verdad? —preguntó Shanise.
Y Ayame no tardó en reparar en la sorprendida mirada de sus ojos, clavados en las montañas de platos que la muchacha había acumulado en su mesa.
—¡Oh...! —murmuró, sonrojándose hasta las orejas, profundamente avergonzada. ¿Qué pensaría ahora Shanise de ella? ¡Le acababa de demostrar que era una absoluta glotona!—. Yo... es que... llevaba mucho tiempo sin probar bocado y... Kokuō no se solía cuidar muc... —se calló inmediatamente.
—En fin... supongo que tienes que recuperar las fuerzas, sí. Mañana saldremos muy temprano hacia Amegakure, ¿de acuerdo?
—De acuerdo. Esta vez no llegaré tarde —respondió ella, inusualmente seria.
Aunque eso dependería mucho de lo que pasara aquella noche...
Sin darse cuenta de ello, Ayame se había quedado mirando fijamente a Shanise. Al cabo de varios segundos fue consciente de este hecho porque sacudió ligeramente la cabeza.
—Estaba pensando... —murmuró, jugueteando con la cuchara, dándole vueltas sobre el plato—. En todo lo que ha ocurrido desde la primera vez que nos conocimos, en la misión de los hilos de chakra y eso, hasta ahora...
La verdad es que la relación entre la Jōnin y ella no comenzó con el mejor pie. Ayame tenía un carácter bastante más infantil de lo que debía tolerar Shanise. Desde luego, en ningún momento habría llegado a imaginar siquiera que estarían frente a frente, comiendo relajadamente. Sin embargo, de alguna manera, los polos apuestos se habían ido atrayendo de forma inevitable y, para Ayame, aquella mujer se había terminado convirtiendo en un ejemplo a seguir. En un modelo. Y Shanise había estado velando por ella todo aquel tiempo, ¡incluso se había tomado la molestia de rescatarla en dos ocasiones!
—Gracias... por todo...
Ayame nunca había estado en uno de aquellos "Come todo lo que puedas", ya que su padre siempre los había considerado poco saludables. Pero ahora que Shanise le había abierto los ojos no había vuelta atrás: por una cuota fija podías comer... ¡todo lo que quisieras! A la muchacha le costó creerlo al principio, ¿qué clase de negocio podía beneficiarse de algo así? Pero después de preguntar una y otra vez, tanto a la propia Shanise como a los encargados que pululaban por allí, se dio cuenta al fin de que era cierto. Podía comer todo-lo-que-quisiera. Y, desde luego, no perdió la oportunidad de probarlo todo: platos de espagueti con carbonara, porciones de pizza, hamburguesas, carne en su salsa... Ni siquiera los postres se libraron de su voraz apetito. Porque... ¡Oh, qué postres! Habría sido un desperdicio no dejar hueco para aquellas deliciosas tartas. Además, como se suele decir, existe un segundo estómago que es al que van todos los postres.
—Bueno... creo que con esto basta, ¿verdad? —preguntó Shanise.
Y Ayame no tardó en reparar en la sorprendida mirada de sus ojos, clavados en las montañas de platos que la muchacha había acumulado en su mesa.
—¡Oh...! —murmuró, sonrojándose hasta las orejas, profundamente avergonzada. ¿Qué pensaría ahora Shanise de ella? ¡Le acababa de demostrar que era una absoluta glotona!—. Yo... es que... llevaba mucho tiempo sin probar bocado y... Kokuō no se solía cuidar muc... —se calló inmediatamente.
—En fin... supongo que tienes que recuperar las fuerzas, sí. Mañana saldremos muy temprano hacia Amegakure, ¿de acuerdo?
—De acuerdo. Esta vez no llegaré tarde —respondió ella, inusualmente seria.
Aunque eso dependería mucho de lo que pasara aquella noche...
Sin darse cuenta de ello, Ayame se había quedado mirando fijamente a Shanise. Al cabo de varios segundos fue consciente de este hecho porque sacudió ligeramente la cabeza.
—Estaba pensando... —murmuró, jugueteando con la cuchara, dándole vueltas sobre el plato—. En todo lo que ha ocurrido desde la primera vez que nos conocimos, en la misión de los hilos de chakra y eso, hasta ahora...
La verdad es que la relación entre la Jōnin y ella no comenzó con el mejor pie. Ayame tenía un carácter bastante más infantil de lo que debía tolerar Shanise. Desde luego, en ningún momento habría llegado a imaginar siquiera que estarían frente a frente, comiendo relajadamente. Sin embargo, de alguna manera, los polos apuestos se habían ido atrayendo de forma inevitable y, para Ayame, aquella mujer se había terminado convirtiendo en un ejemplo a seguir. En un modelo. Y Shanise había estado velando por ella todo aquel tiempo, ¡incluso se había tomado la molestia de rescatarla en dos ocasiones!
—Gracias... por todo...