2/04/2019, 19:35
—Te dije que de eso hablaríamos luego —sentenció, con la cautela a la que se debía el tiburón. Que le hubiera contratado sin entrevista previa no quería decir que se iba a descojonar a soltar sus planes durante su estadía temporal en Tanzaku a diestra y siniestra. Debía ser cuidadoso con qué contaba, cuándo lo contaba; y a quién lo hacía. Y ese quién que ahora suponía ser Calabaza, no le conocía para nada. ¿O sí?
Ahora que no estaban con el furor del combate, y apenas un par de pasos les separaban, Kaido tuvo un vistazo mucho más oportuno del rostro de drogadicto. Era difícil ver a través de de la sucia musaraña de pelos azabache y la oscuridad desde luego que no ayudaba, pero el cabeza de dragón tuvo la repentina sensación que te aborda cuando crees sentirte familiarizado hacia un rostro. Aquél, deformado por lo que parecía ser una enorme quemadura como la que vestía también media cara de un hombre llamado Soroku, tenía ciertos aspectos —minucios y que para nada podrían decirle con certeza de que se trataba de Uchiha Akame—. que se le antojaban conocidos. Arrugó los ojos y trató de vislumbrar un recuerdo que le sacara la duda, aunque de más está decir que no tuvo éxito.
Así que, si no conocía al hombre, tendrían que trabajar en eso ahora.
—¿Cuál es tu verdadero nombre? —le exigió, como alguien que sabe que Marrajo, por ejemplo, era sólo un mote para mantenerse seguro ahí afuera, en las calles.
Ahora que no estaban con el furor del combate, y apenas un par de pasos les separaban, Kaido tuvo un vistazo mucho más oportuno del rostro de drogadicto. Era difícil ver a través de de la sucia musaraña de pelos azabache y la oscuridad desde luego que no ayudaba, pero el cabeza de dragón tuvo la repentina sensación que te aborda cuando crees sentirte familiarizado hacia un rostro. Aquél, deformado por lo que parecía ser una enorme quemadura como la que vestía también media cara de un hombre llamado Soroku, tenía ciertos aspectos —minucios y que para nada podrían decirle con certeza de que se trataba de Uchiha Akame—. que se le antojaban conocidos. Arrugó los ojos y trató de vislumbrar un recuerdo que le sacara la duda, aunque de más está decir que no tuvo éxito.
Así que, si no conocía al hombre, tendrían que trabajar en eso ahora.
—¿Cuál es tu verdadero nombre? —le exigió, como alguien que sabe que Marrajo, por ejemplo, era sólo un mote para mantenerse seguro ahí afuera, en las calles.
