17/05/2019, 15:43
Saben los dioses que si Reiji hubiese respondido con el mismo derrotismo que le había envuelto durante toda la tarde, que impregnaba su ser como ese característico olor a tierra y abono en un kusareño, Datsue hubiese zanjado el tema en el acto. Aquella había sido su última bala, y no tenía más en la recámara. Se hubiese rendido, le hubiese dado la mano, y hasta le hubiese invitado a tomar algo en un bar. Como shinobi y civil. Como simples persona que se estaban conociendo, hablando y bromeando sobre cosas intrascendentes.
Sin rencor. Ni frustración. Porque hubiese descubierto que, efectivamente, el camino del ninja no estaba hecho para él.
Pero Reiji no lo hizo. No, por primera vez en todo el día, enseñó ese fuego que había creído ver tiempo atrás, en el examen Chunin. La Voluntad del Cerezo. Por proteger a los suyos. Hasta el último aliento.
Datsue le soltó, alisando su uwagi allí donde se lo había arrugado.
—Entonces lucha, joder. Pero de verdad. Entrena como el shinbobi que sé que eres. Y cuando llegue ese día, aunque fracases, al menos lo harás sin el remordimiento de pensar que podrías haber dado más de ti.
»¿No confías en ti mismo? ¡Entonces confía en mí! —gritó, haciendo uso de esa carismática presencia que bien sabía que tenía. Siempre, o casi siempre, usada para hacer maldades. Por una vez, iba a intentar aprovecharla para hacer lo correcto. Para echar una mano a un compañero—. ¡Déjame ayudarte! ¡Sé que puedo hacerte más fuerte de lo que jamás creerías! ¡De lo que jamás nadie creería!
¿Ayudándole a entrenar? ¿Tomándole como pupilo? O, quizá… ¿Haciendo algo de trampa? Había cierto Sello Maldito que Datsue llevaba un tiempo pensando. Pero nada de eso importaba. No sin la respuesta adecuada.
—¡Pero basta de dudas, joder! ¡Basta de ahogos, de paredes y de su puta madre en vinagre! —Había perdido la cuenta de las metáforas empleadas por Reiji para reflejar lo inútil que era. Lo inútil que se pensaba que era—. ¿Qué me dices? ¿¡Estás conmigo!?
Sin rencor. Ni frustración. Porque hubiese descubierto que, efectivamente, el camino del ninja no estaba hecho para él.
Pero Reiji no lo hizo. No, por primera vez en todo el día, enseñó ese fuego que había creído ver tiempo atrás, en el examen Chunin. La Voluntad del Cerezo. Por proteger a los suyos. Hasta el último aliento.
Datsue le soltó, alisando su uwagi allí donde se lo había arrugado.
—Entonces lucha, joder. Pero de verdad. Entrena como el shinbobi que sé que eres. Y cuando llegue ese día, aunque fracases, al menos lo harás sin el remordimiento de pensar que podrías haber dado más de ti.
»¿No confías en ti mismo? ¡Entonces confía en mí! —gritó, haciendo uso de esa carismática presencia que bien sabía que tenía. Siempre, o casi siempre, usada para hacer maldades. Por una vez, iba a intentar aprovecharla para hacer lo correcto. Para echar una mano a un compañero—. ¡Déjame ayudarte! ¡Sé que puedo hacerte más fuerte de lo que jamás creerías! ¡De lo que jamás nadie creería!
¿Ayudándole a entrenar? ¿Tomándole como pupilo? O, quizá… ¿Haciendo algo de trampa? Había cierto Sello Maldito que Datsue llevaba un tiempo pensando. Pero nada de eso importaba. No sin la respuesta adecuada.
—¡Pero basta de dudas, joder! ¡Basta de ahogos, de paredes y de su puta madre en vinagre! —Había perdido la cuenta de las metáforas empleadas por Reiji para reflejar lo inútil que era. Lo inútil que se pensaba que era—. ¿Qué me dices? ¿¡Estás conmigo!?
![[Imagen: ksQJqx9.png]](https://i.imgur.com/ksQJqx9.png)
¡Agradecimientos a Daruu por el dibujo de PJ y avatar tan OP! ¡Y a Reiji y Ayame por la firmaza! Si queréis una parecida, este es el lugar adecuado