7/11/2015, 16:49
Las fauces de la planta carnívora se cerrarían tan de sopetón como la puerta que se había cerrado tras las dos muchachas, produciendo un ruido que se les antojó más fuerte de lo que debía haber sido: el hechizo se había eliminado.
Afortunadamente, la casa era más agradable por dentro que por fuera, de hecho, parecía enormemente más grande. Ahora se encontraban en un curioso salón, de aspecto rústico. Sobre el suelo de madera oscura de pino yacía una alfombra roja con sinuosas decoraciones doradas, y sobre ella dos largas mesas que debían haber servido para organizar banquetes, tiempo ha. Las sillas tenían un aspecto caro, también los cuadros con rostros desconocidos y antiguos. Los ojos vacíos y distantes que las observaban desde los lienzos parecían tan terroríficos como lo que había sido ver la casa desde fuera, sin embargo.
Pero la luz de los candelabros del techo y encima de las mesas daba calor, un reconfortante calor que las cobijaba de la tormenta que parecía caer fuera, cada vez más fuerte. El viento hacía que las ventanas vibraran.
El salón tenía dos puertas y una escalera. A la izquierda, una sobria y humilde cocina. A la derecha, una sala de estar con dos sofás y una chimenea apagada desde hace siglos. La escalera daba al piso de arriba que no recordaban haber visto desde el exterior.
Al fondo de la habitación, un reloj de cuco, alto y robusto, hacía tiempo que estaba parado marcando las doce.
Afortunadamente, la casa era más agradable por dentro que por fuera, de hecho, parecía enormemente más grande. Ahora se encontraban en un curioso salón, de aspecto rústico. Sobre el suelo de madera oscura de pino yacía una alfombra roja con sinuosas decoraciones doradas, y sobre ella dos largas mesas que debían haber servido para organizar banquetes, tiempo ha. Las sillas tenían un aspecto caro, también los cuadros con rostros desconocidos y antiguos. Los ojos vacíos y distantes que las observaban desde los lienzos parecían tan terroríficos como lo que había sido ver la casa desde fuera, sin embargo.
Pero la luz de los candelabros del techo y encima de las mesas daba calor, un reconfortante calor que las cobijaba de la tormenta que parecía caer fuera, cada vez más fuerte. El viento hacía que las ventanas vibraran.
El salón tenía dos puertas y una escalera. A la izquierda, una sobria y humilde cocina. A la derecha, una sala de estar con dos sofás y una chimenea apagada desde hace siglos. La escalera daba al piso de arriba que no recordaban haber visto desde el exterior.
Al fondo de la habitación, un reloj de cuco, alto y robusto, hacía tiempo que estaba parado marcando las doce.
![[Imagen: MsR3sea.png]](https://i.imgur.com/MsR3sea.png)
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