24/09/2019, 11:35
La respuesta de Kisame no pudo estar más lejos de lo que Akame habría esperado, tanto que incluso empezaba a acercarse a una posición con la que el joven Uchiha podía estar bastante de acuerdo. «¿¡Pero esto qué es!? ¿Un ninja que se cuestiona la naturaleza de su realidad?» Verdaderamente chicos como Kisame eran una excepción en el mundo shinobi, o al menos eso le decía su experiencia. El propio Akame, en otros tiempos, había sido un soldado leal a su Kage y siempre apegado a las normas; incapaz de ver más allá. No parecía ser el caso con Kisame, y eso agradaba al Uchiha. «Hmpf, tú y yo nos vamos a llevar bien...»
—Todo bien entonces —zanjó Akame, con una sonrisa tranquila en el rostro—. ¿Por dónde empezar?
El renegado se cruzó de brazos, sin dejar de mirar a su aliado. Parecía estar debatiéndose profundamente sobre algo, una cuestión que no llegaba a trascender a Kisame a través de las palabras. Después de unos momentos que pudieron parecer eternos, Akame terminó por sacudir la cabeza y soltar un resoplido de resignación.
—Está bien, está bien —dijo finalmente—. No eres como otros shinobi que he conocido, tú pareces un tipo legal. Te lo contaré.
Akame se metió la mano en el bolsillo del yukata y se sacó un cigarrillo liado y una caja de fósforos. Tras ponerse el tabaco en los labios, encendió una cerilla, la arrimó a la cabeza del cigarro y aspiró para prenderlo. Fumó un par de hondas caladas con toda la tranquilidad del mundo, como si tuvieran toda la vida para coger a Guuzen. Sólo después de expulsar el humo lentamente por la nariz, el exiliado habló.
—Hace un par de noches le saqué un chivatazo a unos mineros borrachos cerca de la frontera con el País de los Bosques. Hablaban de un ninja muy poderoso que había estado frecuentando la zona durante las últimas estaciones, yendo de acá para allá sin que nadie supiera muy bien a qué se dedicaba —confesó, aunque Kisame podría dudar de sus palabras—. Después de invitarles a una botella de sake del bueno, me contaron más, ¿y adivina? La descripción de ese shinobi coincide con la de nuestro querido Guuzen. Según decían, la última vez que lo vieron se dirigía a la Ribera del Norte.
Con un encogimiento de hombros, el Uchiha fumó otra pitada.
—A mí me parece un buen sitio donde empezar.
—Todo bien entonces —zanjó Akame, con una sonrisa tranquila en el rostro—. ¿Por dónde empezar?
El renegado se cruzó de brazos, sin dejar de mirar a su aliado. Parecía estar debatiéndose profundamente sobre algo, una cuestión que no llegaba a trascender a Kisame a través de las palabras. Después de unos momentos que pudieron parecer eternos, Akame terminó por sacudir la cabeza y soltar un resoplido de resignación.
—Está bien, está bien —dijo finalmente—. No eres como otros shinobi que he conocido, tú pareces un tipo legal. Te lo contaré.
Akame se metió la mano en el bolsillo del yukata y se sacó un cigarrillo liado y una caja de fósforos. Tras ponerse el tabaco en los labios, encendió una cerilla, la arrimó a la cabeza del cigarro y aspiró para prenderlo. Fumó un par de hondas caladas con toda la tranquilidad del mundo, como si tuvieran toda la vida para coger a Guuzen. Sólo después de expulsar el humo lentamente por la nariz, el exiliado habló.
—Hace un par de noches le saqué un chivatazo a unos mineros borrachos cerca de la frontera con el País de los Bosques. Hablaban de un ninja muy poderoso que había estado frecuentando la zona durante las últimas estaciones, yendo de acá para allá sin que nadie supiera muy bien a qué se dedicaba —confesó, aunque Kisame podría dudar de sus palabras—. Después de invitarles a una botella de sake del bueno, me contaron más, ¿y adivina? La descripción de ese shinobi coincide con la de nuestro querido Guuzen. Según decían, la última vez que lo vieron se dirigía a la Ribera del Norte.
Con un encogimiento de hombros, el Uchiha fumó otra pitada.
—A mí me parece un buen sitio donde empezar.