Otoño-Invierno de 221

Fecha fijada indefinidamente con la siguiente ambientación: Los ninjas de las Tres Grandes siguen luchando contra el ejército de Kurama allá donde encuentran un bastión sin conquistar. Debido a las recientes provocaciones del Nueve Colas, los shinobi y kunoichi atacan con fiereza en nombre de la victoria. Kurama y sus generales se encuentran acorralados en las Tierras Nevadas del Norte, en el País de la Tormenta. Pero el invierno está cerca e impide que cualquiera de los dos bandos avance, dejando Oonindo en una situación de guerra fría, con pequeñas operaciones aquí y allá. Las villas requieren de financiación tras la pérdida de efectivos en la guerra, y los criminales siguen actuando sobre terreno salpicado por la sangre de aliados y enemigos, por lo que los ninjas también son enviados a misiones de todo tipo por el resto del mundo, especialmente aquellos que no están preparados para enfrentarse a las terribles fuerzas del Kyuubi.
#44
Por un momento pensó que se había vuelto totalmente loco, pero pronto reconoció que era una broma y se sonrió como pudo. Claramente no era su mejor sonrisa porque la situación le había parecido tensa y porque, aunque fuera sincera, cualquier sonrisa en aquel amejin parecía forzada.

-De momento te estás ganando mi respeto, no tendría ninguna razón para traicionar a alguien como tú -Dijo secamente mirándole a los ojos -Detrás de cada broma siempre hay un temor, preocupación o complejo interno, y sospecho que lo tuyo es más bien cierto miedo a que te traicione, por eso lo aclaro -Añadió mientras asentía con la cabeza y le dedicaba una sonrisa, de las suyas, pero una sonrisa.

Resolvió que no quería hablar más del tema de su ojo, así que simplemente cerró la boca y no volvió a pronunciar palabra en toda la noche. Se quedaría despierto, al menos por un rato grande ya que su insomnio le estaba zarandeando la cabeza y le era imposible conciliar el sueño aunque estuviese completamente agotado. De verdad quería descansar, ya que su mapache estaba despierto y sabía que, aunque ellos dos se durmieran, el animal les avisaría. Al fin y al cabo, cuando amaneciera lo mandaría de vuelta a su mundo después de agradecerle su ayuda con algo de comida.

Al cabo de apenas una hora, si nada extraño ocurría, los ojos de Kisame se comenzarían a cerrar hasta que su compañero le despertara para la siguiente guardia. Se dormiría abrazando sus pertenencias y comida, arropado por el calor de la técnica de Karasu que aún seguía haciendo su trabajo.
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RE: A río revuelto, ganancia de pescadores - por Taka Kisame - 4/10/2019, 17:02


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