7/10/2019, 23:32
—A ver, que yo me entere... ¿Cual es el problema con que sea un bijuu? Tiene un poco de mal humor y tal, y se ha metido con mis canciones, lo cual me ha ofendido, pero... —De momento solo nos había intentado herir con las palabras —¿Que tiene de malo colaborar con ellos? ¿No es mejor que tenerlos como enemigos?
—¡Eso es, joder, eso es! —rio Gyūki—. ¡Esa es la actitud!
—¡Yo...! —Katsudon quiso encontrar algo que contestarle. Pero no salió nada.
—Ahora mismo, Katsudon, me recuerdas a los niños de la academia que no querían juntarse conmigo solo por que yo no era como ellos. Solo por que yo era diferente. Y no sabes lo mucho que me duele el corazón al tener que compararte con ellos.
Ahora, el hombretón parecía casi ofendido.
—¡Reiji, es injusto que me compares con...! Reiji-kun, por favor, no. Pero... ¡Ah, joder, vale, vale! ¡Hachibi, aún no has contestado qué quieres de nosotros!
—Preferiría que me llamases Gyūki. Y también que me tratases con un poco de educación.
—¡Tú me llamaste gordo cabrón! ¿¡Dónde estaba tu educación entonces!?
Yuuna rio.
—Está bien, está bien, perdona.
Katsudon se llevó la mano a la frente, para ver si tenía fiebre o algo. ¿Estaba alucinando? ¡Un bijuu acababa de pedirle disculpas! ¡Un... puto... bijuu!
—Oye, Gyūki, perdona que te interrumpa, pero en serio —dijo Yuuna—. ¿Cómo es que estás...?
—Esta resurrección ha sido más rápida que la de la última vez, y prefiero interpretarlo como una oportunidad del destino. Siento mucho lo de Hagane-kun.
—No... no importa... ¿Qué...?
—Sí, sí. Cuanto antes mejor. Aparte de que os acabo de salvar la vida...
—¿Levantándonos por los aires? —saltó Katsudon.
Gyūki giró su enorme cabezón cornudo hacia Katsudon.
—¡Vuestro pirata os estaba llevando directos a la Costa de las Olas Rompientes. No hay navío que soporte el temporal allí. Habríais naufragado. —Miró a Reiji—. ¿Hacia dónde se supone que íbais?
—Hacia el lado contrario, a casa —rio Yuuna.
—Ay... En fin. Dejad que os cuente un momento. Normalmente, entre nosotros los bijuu nos podemos comunicar telepáticamente. Hacemos reuniones periódicas en las que nos contamos qué tal nos va. Incluso los que están dentro de un jinchuuriki, claro.
»Desde que Kurama se apropió del cuerpo de su jinchuuriki y comenzó su vil proyecto, nosotros los bijuu no hemos siquiera sentido su chakra en la conexión telepática. Ergo, creíamos que su nueva condición en un cuerpo humano le había impedido acceder a dicha conexión.
»No obstante, yo recuerdo haber comunicado a mis demás hermanos mi decisión de colaborar plenamente con Hagane después de que él se fuera. Y cuando vino para tratar de hacer lo que él llama liberarnos —el tono de burla de Gyūki daba a entender que le parecía poco más que ridículo—, hizo varios comentarios que me convencieron de que... sí tiene acceso a esas reuniones. Y lo que es peor, únicamente para espiarnos a los demás.
El Hachibi se acercó, dejando su morro a apenas medio metro de ellos.
—No se lo he dicho a los demás, pero decidí colaborar con Hagane precisamente por lo que está tratando de hacer Kurama. Antes de morir, nuestro Padre nos advirtió de que un mal amenazaría a Oonindo, y que estaba relacionado con la ambición que crece entre seres que se creen bondadosos. Todo este tiempo lo hemos relacionado con los humanos. Pero las profecías son algo complicado, ¿sabéis?
»Creo firmemente que Kurama se ha convertido en ese mal, malinterpretando las palabras de Padre. Y como Padre nos instruyó, decidí colaborar codo con codo junto a los humanos para proteger cuanto pudiera este mundo.
—Cuando hablas de Padre, te refieres a... ¿Rikudou-sennin? —preguntó Katsudon, pálido como la cera.
—¿¡De quién si no!?
—Pero no lo entiendo, Gyūki. ¿Qué tenemos que ver nosotros en esto?
—Kurama ha sucumbido a la misma ambición que los líderes de las antiguas Cinco Grandes Aldeas, y está cometiendo los mismos errores. Quiere conquistar todo Oonindo. Cree que así logrará la paz definitiva, pero está cayendo en la misma tendencia expansionista que llevó a los humanos a utilizarnos.
—¡Morirán miles! —exclamó Katsudon.
Gyūki asintió.
—Cuando traté de mostrarle cual era su error y descubrió que colaboraba con Hagane-kun, enloqueció por completo. Le dijimos que le pararíamos los pies y fue mucho peor. Trató de vencer a Hagane para, según sus palabras, revertir el sello y hacerme ver la verdad. Claro, su verdad, no te jode. Pero mi jinchuuriki se practicó el seppuku justo antes de que pudiera hacerlo —explicó el bijuu—. Justo antes de que yo muriese, amenazó con buscarme y vengarse de mi. Imagino que sellándome en algún lugar remoto en una puta vasija.
»Así que viajo por los mares, refugiándome y permaneciéndome oculto, siempre vigilando por si veo algún barco con sus ninjas para matarlos antes de que se acerquen lo suficiente a mi como para descubrirme y avisar a ese puto zorro. Antes vi en el agua flotando algunos cadáveres suyos. Seguí un rastro de espuma y os encontré. Creí que habría más.
—Nos atacaron —dijo Yuuna—. Así que los matamos. Pero acabaron también con la tripulación.
—El por qué es un misterio, quizás Kurama siga queriéndose vengar del Hierro cortando los suministros de comida del continente —atinó el Hachibi—. Pero no cambiemos de tema. A ver, ninjas. No puedo comunicarme telepáticamente con mis hermanos, porque Kurama descubriría que estoy vivo, y no pararía hasta encontrarme —explicó—. Necesito que habléis con ellos y les mandéis un mensaje de mi parte.
»Contadles mi historia. Decidles que es el momento de colaborar con sus jinchuuriki, de unir fuerzas con todos los humanos. Decidles que no tengan miedo y hablen, que hablen y que convenzan. Y que esta vez se dejen convencer por mi advertencia:
»Kurama se ha convertido en la amenaza de la que nos advirtió Padre, y más pronto que tarde, tendremos que detenerlo. O todos perderemos. —Gyūki resopló algo de vaho—. Imagino que os costará convencer a alguno de ellos. Especialmente a Kokuō. No creo que haga falta decir mucho para convencer a Shukaku de pelear contra Kurama —rio.
—¡Eso es, joder, eso es! —rio Gyūki—. ¡Esa es la actitud!
—¡Yo...! —Katsudon quiso encontrar algo que contestarle. Pero no salió nada.
—Ahora mismo, Katsudon, me recuerdas a los niños de la academia que no querían juntarse conmigo solo por que yo no era como ellos. Solo por que yo era diferente. Y no sabes lo mucho que me duele el corazón al tener que compararte con ellos.
Ahora, el hombretón parecía casi ofendido.
—¡Reiji, es injusto que me compares con...! Reiji-kun, por favor, no. Pero... ¡Ah, joder, vale, vale! ¡Hachibi, aún no has contestado qué quieres de nosotros!
—Preferiría que me llamases Gyūki. Y también que me tratases con un poco de educación.
—¡Tú me llamaste gordo cabrón! ¿¡Dónde estaba tu educación entonces!?
Yuuna rio.
—Está bien, está bien, perdona.
Katsudon se llevó la mano a la frente, para ver si tenía fiebre o algo. ¿Estaba alucinando? ¡Un bijuu acababa de pedirle disculpas! ¡Un... puto... bijuu!
—Oye, Gyūki, perdona que te interrumpa, pero en serio —dijo Yuuna—. ¿Cómo es que estás...?
—Esta resurrección ha sido más rápida que la de la última vez, y prefiero interpretarlo como una oportunidad del destino. Siento mucho lo de Hagane-kun.
—No... no importa... ¿Qué...?
—Sí, sí. Cuanto antes mejor. Aparte de que os acabo de salvar la vida...
—¿Levantándonos por los aires? —saltó Katsudon.
Gyūki giró su enorme cabezón cornudo hacia Katsudon.
—¡Vuestro pirata os estaba llevando directos a la Costa de las Olas Rompientes. No hay navío que soporte el temporal allí. Habríais naufragado. —Miró a Reiji—. ¿Hacia dónde se supone que íbais?
—Hacia el lado contrario, a casa —rio Yuuna.
—Ay... En fin. Dejad que os cuente un momento. Normalmente, entre nosotros los bijuu nos podemos comunicar telepáticamente. Hacemos reuniones periódicas en las que nos contamos qué tal nos va. Incluso los que están dentro de un jinchuuriki, claro.
»Desde que Kurama se apropió del cuerpo de su jinchuuriki y comenzó su vil proyecto, nosotros los bijuu no hemos siquiera sentido su chakra en la conexión telepática. Ergo, creíamos que su nueva condición en un cuerpo humano le había impedido acceder a dicha conexión.
»No obstante, yo recuerdo haber comunicado a mis demás hermanos mi decisión de colaborar plenamente con Hagane después de que él se fuera. Y cuando vino para tratar de hacer lo que él llama liberarnos —el tono de burla de Gyūki daba a entender que le parecía poco más que ridículo—, hizo varios comentarios que me convencieron de que... sí tiene acceso a esas reuniones. Y lo que es peor, únicamente para espiarnos a los demás.
El Hachibi se acercó, dejando su morro a apenas medio metro de ellos.
—No se lo he dicho a los demás, pero decidí colaborar con Hagane precisamente por lo que está tratando de hacer Kurama. Antes de morir, nuestro Padre nos advirtió de que un mal amenazaría a Oonindo, y que estaba relacionado con la ambición que crece entre seres que se creen bondadosos. Todo este tiempo lo hemos relacionado con los humanos. Pero las profecías son algo complicado, ¿sabéis?
»Creo firmemente que Kurama se ha convertido en ese mal, malinterpretando las palabras de Padre. Y como Padre nos instruyó, decidí colaborar codo con codo junto a los humanos para proteger cuanto pudiera este mundo.
—Cuando hablas de Padre, te refieres a... ¿Rikudou-sennin? —preguntó Katsudon, pálido como la cera.
—¿¡De quién si no!?
—Pero no lo entiendo, Gyūki. ¿Qué tenemos que ver nosotros en esto?
—Kurama ha sucumbido a la misma ambición que los líderes de las antiguas Cinco Grandes Aldeas, y está cometiendo los mismos errores. Quiere conquistar todo Oonindo. Cree que así logrará la paz definitiva, pero está cayendo en la misma tendencia expansionista que llevó a los humanos a utilizarnos.
—¡Morirán miles! —exclamó Katsudon.
Gyūki asintió.
—Cuando traté de mostrarle cual era su error y descubrió que colaboraba con Hagane-kun, enloqueció por completo. Le dijimos que le pararíamos los pies y fue mucho peor. Trató de vencer a Hagane para, según sus palabras, revertir el sello y hacerme ver la verdad. Claro, su verdad, no te jode. Pero mi jinchuuriki se practicó el seppuku justo antes de que pudiera hacerlo —explicó el bijuu—. Justo antes de que yo muriese, amenazó con buscarme y vengarse de mi. Imagino que sellándome en algún lugar remoto en una puta vasija.
»Así que viajo por los mares, refugiándome y permaneciéndome oculto, siempre vigilando por si veo algún barco con sus ninjas para matarlos antes de que se acerquen lo suficiente a mi como para descubrirme y avisar a ese puto zorro. Antes vi en el agua flotando algunos cadáveres suyos. Seguí un rastro de espuma y os encontré. Creí que habría más.
—Nos atacaron —dijo Yuuna—. Así que los matamos. Pero acabaron también con la tripulación.
—El por qué es un misterio, quizás Kurama siga queriéndose vengar del Hierro cortando los suministros de comida del continente —atinó el Hachibi—. Pero no cambiemos de tema. A ver, ninjas. No puedo comunicarme telepáticamente con mis hermanos, porque Kurama descubriría que estoy vivo, y no pararía hasta encontrarme —explicó—. Necesito que habléis con ellos y les mandéis un mensaje de mi parte.
»Contadles mi historia. Decidles que es el momento de colaborar con sus jinchuuriki, de unir fuerzas con todos los humanos. Decidles que no tengan miedo y hablen, que hablen y que convenzan. Y que esta vez se dejen convencer por mi advertencia:
»Kurama se ha convertido en la amenaza de la que nos advirtió Padre, y más pronto que tarde, tendremos que detenerlo. O todos perderemos. —Gyūki resopló algo de vaho—. Imagino que os costará convencer a alguno de ellos. Especialmente a Kokuō. No creo que haga falta decir mucho para convencer a Shukaku de pelear contra Kurama —rio.
![[Imagen: MsR3sea.png]](https://i.imgur.com/MsR3sea.png)
Esta cuenta representa a la totalidad de los administradores de NinjaWorld.es