11/11/2019, 13:45
El trío de empleados de la señora Kobayashi negó al unísono ante la primera pregunta de Kisame: a ninguno de ellos le había pasado cosa semejante a oír voces fantasmales en su cabeza, voces que sólo la víctima pudiera escuchar. No, quien quiera que fuese que estaba haciendo eso a su señora, no les había atormentado a ellos. Incluso el nervioso y poco experimentado Keisuke parecía bastante seguro de su respuesta a esa pregunta, aunque seguía mirando a la señora Kobayashi por el rabillo del ojo... Temeroso, quizás, de incumplir sin saberlo alguna de las muchas normas que la empresaria imponía a sus empleados.
Por su parte, Karamaru trataba de leer las mentes de los empleados del servicio; por desgracia para él y para Kisame, no era así como funcionaba su técnica Yamanaka. Aquella habilidad le permitía conversar con quienes estuvieran consciente y voluntariamente dispuestos a hacerlo, no espiar los pensamientos ajenos.
Por su parte, Karamaru trataba de leer las mentes de los empleados del servicio; por desgracia para él y para Kisame, no era así como funcionaba su técnica Yamanaka. Aquella habilidad le permitía conversar con quienes estuvieran consciente y voluntariamente dispuestos a hacerlo, no espiar los pensamientos ajenos.