20/12/2019, 00:18
¡Vaya! En un increíble e inesperado devenir de los acontecimientos, lo que abandonó el seto fue... ¡un samurái cabreado!
Katsudon infló el puño de inmediato con su extraña habilidad y dio un paso adelante, pero el guerrero del Hierro extendió ambas manos hacia adelante: no portaba la espada desenvainada. A decir verdad, había otro detalle importante. No llevaba el casco puesto.
Era un hombre cincuentón con una enorme cicatriz cruzándole el rostro, los cabellos negros como el tizón, ya invadidos por las canas, y los ojos de un color verde oscuro. Parecía todavía más viejo de lo que era con las arrugas que le provocaba la mueca de enfado.
—¡Idiotas! ¡Al caer la noche! ¡Al caer la noche! —dijo—. ¡Además...! ¿¡Tú estás chalado!? —añadió, refiriéndose a Reiji en particular—. ¿¡No podías esperar a averiguar lo que teníamos que decirte!? ¡Te di la llave para ayudarte a escapar, y tenías que montar todo ese espectáculo!
—Ya vale, Yamato —dijo una voz entre los árboles. Un instante después, Yuuna salió también de los matorrales sacudiéndose la ropa—. De todas maneras, no tenemos ninguna posibilidad.
—¡Yuuna-san! —exclamó Katsudon, deshaciendo su técnica de inmediato—. ¿Me puedes explicar de qué va todo esto? ¡Hemos tenido una relación excelente con el País del Hierro todos estos años! ¡También con Koichi-dono!
Yuuna asintió.
—Puede que antes. Pero la mujer que gobierna Sanrō-yama no es mi madre.
Katsudon infló el puño de inmediato con su extraña habilidad y dio un paso adelante, pero el guerrero del Hierro extendió ambas manos hacia adelante: no portaba la espada desenvainada. A decir verdad, había otro detalle importante. No llevaba el casco puesto.
Era un hombre cincuentón con una enorme cicatriz cruzándole el rostro, los cabellos negros como el tizón, ya invadidos por las canas, y los ojos de un color verde oscuro. Parecía todavía más viejo de lo que era con las arrugas que le provocaba la mueca de enfado.
—¡Idiotas! ¡Al caer la noche! ¡Al caer la noche! —dijo—. ¡Además...! ¿¡Tú estás chalado!? —añadió, refiriéndose a Reiji en particular—. ¿¡No podías esperar a averiguar lo que teníamos que decirte!? ¡Te di la llave para ayudarte a escapar, y tenías que montar todo ese espectáculo!
—Ya vale, Yamato —dijo una voz entre los árboles. Un instante después, Yuuna salió también de los matorrales sacudiéndose la ropa—. De todas maneras, no tenemos ninguna posibilidad.
—¡Yuuna-san! —exclamó Katsudon, deshaciendo su técnica de inmediato—. ¿Me puedes explicar de qué va todo esto? ¡Hemos tenido una relación excelente con el País del Hierro todos estos años! ¡También con Koichi-dono!
Yuuna asintió.
—Puede que antes. Pero la mujer que gobierna Sanrō-yama no es mi madre.
![[Imagen: MsR3sea.png]](https://i.imgur.com/MsR3sea.png)
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