10/01/2020, 10:35
Yamato se revolvió en el sitio, inquieto. Como un acto reflejo su mirada fue a parar a los linderos de la mesa, quizá acostumbrada como estaba a encontrar siempre la figura vigilante de su jefa. Pero en esa ocasión no vio más que a dos chavales jovencitos que querían llegar al fondo del asunto. Un asunto que a él le iba llevando por la calle de la amargura y que también ansiaba ver resuelto.
Suspiró.
—"Las papas se van a poner que pelan", en eso tienes razón. Ya habréis visto el carácter que tiene —admitió—. Creedme que a mí me interesa tanto como a vosotros que esto se resuelva de una buena vez. Últimamente la señora está de peor humor que de costumbre, y eso ya es decir algo. Aun así, no os mentí antes: no sé quién es el responsable de la tortura que le están haciendo pasar... Aunque, cuando la veo pasándolo mal, una parte de mí sólo puede esperar que esto dure un poco más.
El jefe del servicio les estaba mostrando su cara más personal, y aunque parecía evidente que las formas de Kobayashi Koe le tenían harto, por otra parte sus palabras traslucían cierta dependencia de su jefa. No podía llamarse "afecto, o "cariño", pero sí "dependencia". Emocional, monetaria... Cuando llevabas tantos años trabajando para alguien, terminabas por quedar unido a esa persona.
Yamato se sacó un cigarrillo de la solapa del uniforme, un mechero de la manga derecha, y se lo encendió.
—¿No os importará que fume?
Suspiró.
—"Las papas se van a poner que pelan", en eso tienes razón. Ya habréis visto el carácter que tiene —admitió—. Creedme que a mí me interesa tanto como a vosotros que esto se resuelva de una buena vez. Últimamente la señora está de peor humor que de costumbre, y eso ya es decir algo. Aun así, no os mentí antes: no sé quién es el responsable de la tortura que le están haciendo pasar... Aunque, cuando la veo pasándolo mal, una parte de mí sólo puede esperar que esto dure un poco más.
El jefe del servicio les estaba mostrando su cara más personal, y aunque parecía evidente que las formas de Kobayashi Koe le tenían harto, por otra parte sus palabras traslucían cierta dependencia de su jefa. No podía llamarse "afecto, o "cariño", pero sí "dependencia". Emocional, monetaria... Cuando llevabas tantos años trabajando para alguien, terminabas por quedar unido a esa persona.
Yamato se sacó un cigarrillo de la solapa del uniforme, un mechero de la manga derecha, y se lo encendió.
—¿No os importará que fume?