20/01/2020, 00:42
De hecho, sí tenía un ancla. La había tenido todo este tiempo, pero nadie se había dedicado a buscarla. Ahora que había pensado en ella, Reiji la vió: justo al lado de la cuerda que le lanzó a Katsudon había una manivela para soltar y levar el ancla.
El hombretón tomó la cuerda y la ató firmemente al amarre con un buen nudo. Yuuna bajó del barco de un salto e hizo una reverencia divertida delante de Katsudon. Cuando ambos estuvieron preparados, el hombre les condujo por las calles de la aldea hacia el Edificio del Uzukage. Pero antes se detuvo, cuando salió de los muelles, e hizo algo que probablemente a los otros dos les resultara terriblemente divertido. Para Katsudon no tenía nada de divertido, sino que más bien fue un alivio: el Akimichi se arrodilló y besó la tierra. Ya había tenido suficientes barcos por una década. Como mínimo.
Caminando por la aldea, Yuuna no dejaba de maravillarse por su aspecto. Le encantaba lo colorido que era todo, empezando por las casas de piedra gris y tejados de colores, pasando por los parques, y finalmente destacando los cerezos —y eso que por aquella época del año había pocos que permanecieran en flor—. Antes de entrar al edificio, la muchacha se detuvo a contemplar una carpa de escamas irisadas que se abría paso a través de los remolinos.
—¿Cómo puede nadar en estas aguas tan revueltas? —preguntó.
—Quizás muchos se harían esa misma pregunta con Hanabi-kun, jo, jo, jo —rio Katsudon—. No entiendes el chiste porque no llevas mucho tiempo en Uzushiogakure, ya irás viendo el panorama. ¿A que tú si lo entiendes, Reiji-kun?
Yuuna levantó una ceja y miró a Reiji, confundida.
El hombretón tomó la cuerda y la ató firmemente al amarre con un buen nudo. Yuuna bajó del barco de un salto e hizo una reverencia divertida delante de Katsudon. Cuando ambos estuvieron preparados, el hombre les condujo por las calles de la aldea hacia el Edificio del Uzukage. Pero antes se detuvo, cuando salió de los muelles, e hizo algo que probablemente a los otros dos les resultara terriblemente divertido. Para Katsudon no tenía nada de divertido, sino que más bien fue un alivio: el Akimichi se arrodilló y besó la tierra. Ya había tenido suficientes barcos por una década. Como mínimo.
Caminando por la aldea, Yuuna no dejaba de maravillarse por su aspecto. Le encantaba lo colorido que era todo, empezando por las casas de piedra gris y tejados de colores, pasando por los parques, y finalmente destacando los cerezos —y eso que por aquella época del año había pocos que permanecieran en flor—. Antes de entrar al edificio, la muchacha se detuvo a contemplar una carpa de escamas irisadas que se abría paso a través de los remolinos.
—¿Cómo puede nadar en estas aguas tan revueltas? —preguntó.
—Quizás muchos se harían esa misma pregunta con Hanabi-kun, jo, jo, jo —rio Katsudon—. No entiendes el chiste porque no llevas mucho tiempo en Uzushiogakure, ya irás viendo el panorama. ¿A que tú si lo entiendes, Reiji-kun?
Yuuna levantó una ceja y miró a Reiji, confundida.
![[Imagen: MsR3sea.png]](https://i.imgur.com/MsR3sea.png)
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