20/01/2020, 23:46
—No le he dado un uso real, Datsue no me dio tiempo, y con el General estuve un poco... indispuesto. —Maldito Datsue. Eso me recordaba, que también tendría que hacerle un arma a él. Cuando fuera Uzukage—. Pero sí que me ha dado tiempo de probarla en entrenamientos, y oh, Reiji, es maravillosa. Quizás algún día te la enseñe en acción... pero creo que tendrás que entrenar algo más, ¿eh? —¿Pelear con el uzukage contra mi propia arma? Harían falta siglos de entrenamiento. Y por las leyendas que había sobre el, unos cuantos milagros.—. También le he puesto nombre. Rasenhō.
Si la había bautizado, entonces ya era perfecta. Sonreí satisfecho. Seguro que algún día, el resto de Kages, envidiosos por la grandeza de los aceros Sasaki vendrían a buscar mis armas. O no.
—Aaah, y piénsese lo de dejarme asistir a los interrogatorios de Yuuna. Mientras habla con Katsudon ya me ocupo de enseñarle la villa.
—Muchacho, se nota a la legua que tenéis algo entre vosotros dos... —Ya bueno, pero eso no era importante. No quería que ella se sintiera sola—. Pero me temo que eso no va a ser posible, por razones de seguridad. Espero que lo comprendas.
—Reiji, déjalo, de verdad. Está bien así.
—Lo entiendo, lo entiendo, no os preocupéis.
—Bien. Entonces, podéis marcharos. ¿Te quedarás en mi casa entonces, Yuuna?
Me miró, pero en realidad era malísima idea que ofreciera mi casa. No sabia en que podía derivar que ella y sakura tuvieran que cruzarse. No sola le dejo por otra, si no que ademas la llevo a vivir a la casa en la que trabaja, sería muy cruel por mi parte.
—Supongo que sí. De momento. No he podido traerme ahorros aquí.
En realidad... Que narices. Hanabi ya lo sabía. Katsudon ya lo sabia. ¿Iba a ser un cobarde toda mi vida? ¿Iba a dejar que el uzukage me sacara las castañas del fuego? No. Ya era hora de echarle narices.
—En realidad...si ella se siente mas cómoda, en mi casa hay una casa de invitados, bastante grande y amplia como para que viva una familia, no creo que a mis padres les moleste que se la quede Yuuna. Y mi padre seguro que agradece la vigilancia extra, esta muy obsesionado con los posibles ladrones. Además...— dije mirando a Yuuna. —Dijistes que los samuráis forjaban sus propias espadas, seguro que mi padre agradece unas manos extra, y te pagará bien.
Aunque por dentro, estaba acojonadisimo. Como un flan. Por qué si. Muy valiente. Pero a ver como le gestionaba todo después.
Si la había bautizado, entonces ya era perfecta. Sonreí satisfecho. Seguro que algún día, el resto de Kages, envidiosos por la grandeza de los aceros Sasaki vendrían a buscar mis armas. O no.
—Aaah, y piénsese lo de dejarme asistir a los interrogatorios de Yuuna. Mientras habla con Katsudon ya me ocupo de enseñarle la villa.
—Muchacho, se nota a la legua que tenéis algo entre vosotros dos... —Ya bueno, pero eso no era importante. No quería que ella se sintiera sola—. Pero me temo que eso no va a ser posible, por razones de seguridad. Espero que lo comprendas.
—Reiji, déjalo, de verdad. Está bien así.
—Lo entiendo, lo entiendo, no os preocupéis.
—Bien. Entonces, podéis marcharos. ¿Te quedarás en mi casa entonces, Yuuna?
Me miró, pero en realidad era malísima idea que ofreciera mi casa. No sabia en que podía derivar que ella y sakura tuvieran que cruzarse. No sola le dejo por otra, si no que ademas la llevo a vivir a la casa en la que trabaja, sería muy cruel por mi parte.
—Supongo que sí. De momento. No he podido traerme ahorros aquí.
En realidad... Que narices. Hanabi ya lo sabía. Katsudon ya lo sabia. ¿Iba a ser un cobarde toda mi vida? ¿Iba a dejar que el uzukage me sacara las castañas del fuego? No. Ya era hora de echarle narices.
—En realidad...si ella se siente mas cómoda, en mi casa hay una casa de invitados, bastante grande y amplia como para que viva una familia, no creo que a mis padres les moleste que se la quede Yuuna. Y mi padre seguro que agradece la vigilancia extra, esta muy obsesionado con los posibles ladrones. Además...— dije mirando a Yuuna. —Dijistes que los samuráis forjaban sus propias espadas, seguro que mi padre agradece unas manos extra, y te pagará bien.
Aunque por dentro, estaba acojonadisimo. Como un flan. Por qué si. Muy valiente. Pero a ver como le gestionaba todo después.
