22/01/2020, 16:43
La vida daba unos giros que uno nunca se esperaba ¿Quien podia imaginar que un día volverías de un viaje y te quedarías un barco? Yo no. Pero así fue. Un jodido barco. Pero había una pega. O varias. La primera es que el barco no podría navegar por tierra firme, por que era un barco. Y la segunda: No sabia manejarlo todavía.
—Ahg, que frustrante. ¿Que narices significa esta palabra? Ni siquiera soy capaz de pronunciarla
—¿Te has traído el manual?
Si. Yuuna y yo viajamos al Valle de los Dojos. Y en mis turnos de vigilar por las noches mientras ella dormía, me dedicaba a intentar comprender el maldito manual del barco que me había agenciado.
Ah. El viaje. Pues resulta que mi padre había encargado unos materiales nuevos para hacer unas cosillas. De las que no quería hablar mucho. Pero por algún motivo, lo mas cerca que podían dejarlos era allí. Y no pillaba precisamente cerca. Como mi madre tenia otros menesteres, pues nos envío a nosotros.
La parte buena es que, aquel lugar, era un sitio ideal para entrar. Y ya que estábamos...
Los samuráis peleaban de otra forma, y yo tenia que aprender a enfrentarme a ellos. No ha pelear como ellos, no. A enfrentarme a ellos. Tenia una cuenta pendiente con aquel hijo del hierro, y mi mejor baza para poder enfrentarlo de igual a igual era pedirle ayuda a Yuuna.
El viaje no fue corto. Pero al menos, con su compañía, se hizo ameno. Viajar solo hubiese sido aburridísimo. Aunque yo sabia lo que realmente le preocupaba a mi padre cuando nos mando a los dos: la seguridad de los materiales. No yo, ni mi aburrimiento.
Lo importante es que llegamos allí con tiempo de sobra y sin encontranos problemas.
—Los materiales llegaban mañana, ¿Verdad?
—Si, ademas hoy hemos llegado pronto, tenemos todo el día para hacer lo que nos apetezca. ¿Que te parece si buscas un sitio para pasar la noche y mientras yo uno tranquilo para que entrenemos?
Yuuna asintió y así fue como nos dividimos aquel día.
Allí en el valle había un montón de lugares donde uno podía ejercitarse y hacer combates de práctica. Pero yo buscaba algo mas alejado, algo más tranquilo. Y no tardé en encontrarme aquel lago dividido por un puente. Parecía el lugar ideal, así que decidí explorarlo.
La verdad es que iba un poco a mi bola, observando el paisaje y todo lo que me rodeaba, por eso me sobresalté al escuchar su voz.
—Buenas tardes —¿Ya era medio día? Iba tan ensimismado en mis pensamientos que ni me había dado cuenta.—. ¿Compañero shinobi?
—Buenas tardes. Supongo que si, aunque por lo que veo, venimos de sitios distintos. ¿No te he molestado verdad? ¿Estabas usando tu este sitio para entrenar?
Bueno. En parte fue por educación. En parte por que yo quería entrenar allí con Yuuna. Pero si estaba usándolo él... Aunque parecía que había espacio para todos.
—Ahg, que frustrante. ¿Que narices significa esta palabra? Ni siquiera soy capaz de pronunciarla
—¿Te has traído el manual?
Si. Yuuna y yo viajamos al Valle de los Dojos. Y en mis turnos de vigilar por las noches mientras ella dormía, me dedicaba a intentar comprender el maldito manual del barco que me había agenciado.
Ah. El viaje. Pues resulta que mi padre había encargado unos materiales nuevos para hacer unas cosillas. De las que no quería hablar mucho. Pero por algún motivo, lo mas cerca que podían dejarlos era allí. Y no pillaba precisamente cerca. Como mi madre tenia otros menesteres, pues nos envío a nosotros.
La parte buena es que, aquel lugar, era un sitio ideal para entrar. Y ya que estábamos...
Los samuráis peleaban de otra forma, y yo tenia que aprender a enfrentarme a ellos. No ha pelear como ellos, no. A enfrentarme a ellos. Tenia una cuenta pendiente con aquel hijo del hierro, y mi mejor baza para poder enfrentarlo de igual a igual era pedirle ayuda a Yuuna.
El viaje no fue corto. Pero al menos, con su compañía, se hizo ameno. Viajar solo hubiese sido aburridísimo. Aunque yo sabia lo que realmente le preocupaba a mi padre cuando nos mando a los dos: la seguridad de los materiales. No yo, ni mi aburrimiento.
Lo importante es que llegamos allí con tiempo de sobra y sin encontranos problemas.
—Los materiales llegaban mañana, ¿Verdad?
—Si, ademas hoy hemos llegado pronto, tenemos todo el día para hacer lo que nos apetezca. ¿Que te parece si buscas un sitio para pasar la noche y mientras yo uno tranquilo para que entrenemos?
Yuuna asintió y así fue como nos dividimos aquel día.
Allí en el valle había un montón de lugares donde uno podía ejercitarse y hacer combates de práctica. Pero yo buscaba algo mas alejado, algo más tranquilo. Y no tardé en encontrarme aquel lago dividido por un puente. Parecía el lugar ideal, así que decidí explorarlo.
La verdad es que iba un poco a mi bola, observando el paisaje y todo lo que me rodeaba, por eso me sobresalté al escuchar su voz.
—Buenas tardes —¿Ya era medio día? Iba tan ensimismado en mis pensamientos que ni me había dado cuenta.—. ¿Compañero shinobi?
—Buenas tardes. Supongo que si, aunque por lo que veo, venimos de sitios distintos. ¿No te he molestado verdad? ¿Estabas usando tu este sitio para entrenar?
Bueno. En parte fue por educación. En parte por que yo quería entrenar allí con Yuuna. Pero si estaba usándolo él... Aunque parecía que había espacio para todos.
