23/01/2020, 01:17
Takumi se despertó en su casa en una mañana de invierno, bueno, la llamaba su casa pero en realidad no era suya. Era de Tsukino Airi, dueña del "Titiritero Rojo", la cual le había dejado vivir ahí cuando llegó hacía ya poco más de un año a Uzushiogakure siguiendo las instrucciones de Itona. La casa era muy acogedora, un chalet con jardín situado a veinte minutos del centro que seguía la arquitectura típica de la zona. La verdad es que era algo excesivo para las necesidades del marionetista, pero al menos le permitía tener una habitación entera como taller para sus creaciones y el jardín era óptimo para probar sus marionetas; pero aún así no podía dejar de sentirse incómodo por vivir en la antigua casa de los padres de Airi sin pagar un alquiler siquiera, y eso que el kazejin había intentado acordar un porcentaje del sueldo de las misiones destinado a ello, pero la tabernera se había negado en rotundo justificando que "jamás le cobraría ni medio ryō a un alumno de Itona".
Tras levantarse se dispuso a prepararse un té negro, hoy estaba melancólico, pues este era el té que el viejo Itona le preparaba en el campamento del Oasis de la Luna. Se llevó un vaso de buen tamaño a su estudio y comenzó a estudiar una serie de planos, buscando que la musa le sonriera y se le ocurriese un diseño interesante. Cuando de repente...
—¿Eh? ¿Quién será a estas horas?
El joven gennin se colocó su blanco haori sobre un jersey negro de cuello alto y salió a recibir a la inesperada visita.
—Hola buenos días, ¿qué desea? —Dijo mientras abría la puerta con suavidad y asomaba medio cuerpo.
Tras levantarse se dispuso a prepararse un té negro, hoy estaba melancólico, pues este era el té que el viejo Itona le preparaba en el campamento del Oasis de la Luna. Se llevó un vaso de buen tamaño a su estudio y comenzó a estudiar una serie de planos, buscando que la musa le sonriera y se le ocurriese un diseño interesante. Cuando de repente...
Toc, toc, toc.
—¿Eh? ¿Quién será a estas horas?
El joven gennin se colocó su blanco haori sobre un jersey negro de cuello alto y salió a recibir a la inesperada visita.
—Hola buenos días, ¿qué desea? —Dijo mientras abría la puerta con suavidad y asomaba medio cuerpo.