31/01/2020, 16:13
Achi, con suerte una de sus últimas paradas para volver a Amegakure. Tras el largo viaje que hicieron al país de la espiral, comenzó su viaje de vuelta. Nanashi no podía dejar desatendido durante mucho más tiempo y Ren la retrasaría un tiempo, como también iba a ser un viaje para que ella aprendiera a orientarse fuera de la villa y lo peor ya había pasado, este le ofreció que volviera por su cuenta pero que no se retrasara durante mucho, o saldría en su búsqueda y lo peor sería cuando diera con ella. Le esperaría un buen rapapolvo
Ren pensaba que Yachi era un pueblo bastante afable, un buen lugar para jubilarse o retirarse. La gente trabajaba duro durante el día, pero el trabajo en la tierra les resultaba realmente satisfactorio cuando comenzaban a salir sus famosas calabazas. Tras llegar a la escarpada aldea; Ren no pudo evitar sentirse maravillada por el gran río que cruzaba metros abajo, junto al empinado cañón; y eso que ni siquiera lo estaba viendo desde lo alto de este. Al adentrarse, no perdió el tiempo y entró a una taberna loca; no era excesivamente grande, pero exhalaba un aire cariñoso y como casi familiar.
Se dirigió a una de las mesas para dejar tanto su saco de viaje como el gorro de paja que llevaba sobre una de las sillas, y se sentó un momento a pensar que podría pedir. No tenía muy claro que podría estar dentro del menú, así que tras meditarlo durante un rato; recogió sus cosas y se sentó al lado de la barra, con la esperanza de poder preguntarle de forma más cercana al camarero. Tampoco había mucha gente, lo que la hizo sentirse más cómoda ya que no supondría una molestia para el dueño.
— Buenas. ¿Podria ponerme un bol de arroz y algo de tonkatsu? — preguntó con una cálida sonrisa, mientras su bandana se meció suavemente alrededor de su cuello.
Ren pensaba que Yachi era un pueblo bastante afable, un buen lugar para jubilarse o retirarse. La gente trabajaba duro durante el día, pero el trabajo en la tierra les resultaba realmente satisfactorio cuando comenzaban a salir sus famosas calabazas. Tras llegar a la escarpada aldea; Ren no pudo evitar sentirse maravillada por el gran río que cruzaba metros abajo, junto al empinado cañón; y eso que ni siquiera lo estaba viendo desde lo alto de este. Al adentrarse, no perdió el tiempo y entró a una taberna loca; no era excesivamente grande, pero exhalaba un aire cariñoso y como casi familiar.
Se dirigió a una de las mesas para dejar tanto su saco de viaje como el gorro de paja que llevaba sobre una de las sillas, y se sentó un momento a pensar que podría pedir. No tenía muy claro que podría estar dentro del menú, así que tras meditarlo durante un rato; recogió sus cosas y se sentó al lado de la barra, con la esperanza de poder preguntarle de forma más cercana al camarero. Tampoco había mucha gente, lo que la hizo sentirse más cómoda ya que no supondría una molestia para el dueño.
— Buenas. ¿Podria ponerme un bol de arroz y algo de tonkatsu? — preguntó con una cálida sonrisa, mientras su bandana se meció suavemente alrededor de su cuello.