Otoño-Invierno de 221

Fecha fijada indefinidamente con la siguiente ambientación: Los ninjas de las Tres Grandes siguen luchando contra el ejército de Kurama allá donde encuentran un bastión sin conquistar. Debido a las recientes provocaciones del Nueve Colas, los shinobi y kunoichi atacan con fiereza en nombre de la victoria. Kurama y sus generales se encuentran acorralados en las Tierras Nevadas del Norte, en el País de la Tormenta. Pero el invierno está cerca e impide que cualquiera de los dos bandos avance, dejando Oonindo en una situación de guerra fría, con pequeñas operaciones aquí y allá. Las villas requieren de financiación tras la pérdida de efectivos en la guerra, y los criminales siguen actuando sobre terreno salpicado por la sangre de aliados y enemigos, por lo que los ninjas también son enviados a misiones de todo tipo por el resto del mundo, especialmente aquellos que no están preparados para enfrentarse a las terribles fuerzas del Kyuubi.
Los cimientos se tambalean
Reunión de los Tres Kages, Despedida del 219
#25
Oh, pero claro que la Arashikage no se había dejado distraer. Descargó su furia en amenazas, amenazas que Hanabi sabía bien que se convertirían en sucesos si a Kintsugi se le pasaba por la cabeza convertir sus palabras en hechos. Así era ella, la viva imagen de la tormenta. Y no es que Uzushiogakure no Sato fuese a permanecer petrificado si a la Morikage se le ocurriese tocar a uno de sus shinobis. No, lo que sucedía era que los truenos y los rayos se veían venir por las nubes de tormenta. Siempre avisaban. Pero, el fuego de un incendio…

El fuego de un incendio surgía de la chispa más imprevista. De una llama mal apagada. De la misma ceniza. Y nada agradaba más al fuego que consumir el verde y la hierba. Sí, Hanabi era un hombre de paz. Y pensaba seguir así…

… a no ser que alguien le obligase a no serlo.

¿Qué demonios…? —farfulló, cuando varias mariposas doradas salieron de las mangas de su kimono.

¡Hanabi-kun! —exclamó Katsudon, dándole varias palmadas en los ropajes para ahuyentar cualquier insecto que hubiese podido quedar.

Don… ¡Don! ¡Que me vas a machacar, hombre! —protestó, maltrecho por las hostias amistosas de su compañero. Como si no le hubiesen bastado las de Yui—. Kuza, ¿estás bien?

Kuza, tras comprobar que a Hanabi no le pasaba nada, se había afanado en comprobar también que ella estaba a salvo de aquellos bichejos. Se había mirado los huecos de las mangas; el cuello del jersey; la cintura estirando un poco el pantalón; y finalmente, saltado a la pata coja mientras comprobaba los bajos del pantalón.

S-sí. Todo en orden, Hanabi-sama. Lamento no haberme dado cuenta.

No te ensañes por eso, Kuza —dijo, quitándole hierro mientras desviaba la mirada hacia el resto de la delegación—. Ninguno nos dimos cuenta.
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Mensajes en este tema
RE: Los cimientos se tambalean - por Sarutobi Hanabi - 4/02/2020, 18:43


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