11/02/2020, 17:56
—Pues no, la verdad es que ya estoy listo. Y si, deberían estar esperándonos.
Tras asegurar cuan preparado se hallaba para encauzarse en aquella aventura, llamó a la puerta del lugar indicado. Mientras, Hana estaba colocada un poco más atrás, en el lado izquierdo del genin. Reiji tenía un aire de estar más experimentado que ella en las misiones, en la forja y en la vida en general, así que le dejó hacer.
Esperaron unos segundos en silencio, esperando una orden, una invitación o un movimiento de la puerta. No pasó nada de eso, y esperaron otros segundos en los que los ojos de la kunoichi empezaron a divagar. Primero a la melena del herrero, ella misma pensaba dejarse el cabello algo más largo, pero le asustaba que supusiese una desventaja en combate, tal vez debería preguntarle a él. Después a sus espadas, tenía una pequeñita y otra que era un armatoste impresionante.
Obviamente, la atención de Hana fue a la más larga y poderosa. Estaba segura de que con eso podría cortarla por la mitad sin demasiado esfuerzo. Tragó saliva mientras se veía a sí misma empuñandola, con una mano además, sobradamente, conquistando Onindo y viajando por el mar en busca de tesoros con una tripulación pirata y Ren de segunda al mando.
Negó con la cabeza rápidamente. ¿Qué demonios acababa de pasarle por la cabeza? ¿Ren? Ah, claro, le había dicho que quería ser espadachina y estaba mirando una espada. Menos mal que no hacía asociaciones demasiado difíciles. Sin embargo, el sonrojo no se le fue tras devolver su mirada a la puerta de madera, a la espera de alguna señal.
Tras asegurar cuan preparado se hallaba para encauzarse en aquella aventura, llamó a la puerta del lugar indicado. Mientras, Hana estaba colocada un poco más atrás, en el lado izquierdo del genin. Reiji tenía un aire de estar más experimentado que ella en las misiones, en la forja y en la vida en general, así que le dejó hacer.
Esperaron unos segundos en silencio, esperando una orden, una invitación o un movimiento de la puerta. No pasó nada de eso, y esperaron otros segundos en los que los ojos de la kunoichi empezaron a divagar. Primero a la melena del herrero, ella misma pensaba dejarse el cabello algo más largo, pero le asustaba que supusiese una desventaja en combate, tal vez debería preguntarle a él. Después a sus espadas, tenía una pequeñita y otra que era un armatoste impresionante.
Obviamente, la atención de Hana fue a la más larga y poderosa. Estaba segura de que con eso podría cortarla por la mitad sin demasiado esfuerzo. Tragó saliva mientras se veía a sí misma empuñandola, con una mano además, sobradamente, conquistando Onindo y viajando por el mar en busca de tesoros con una tripulación pirata y Ren de segunda al mando.
Negó con la cabeza rápidamente. ¿Qué demonios acababa de pasarle por la cabeza? ¿Ren? Ah, claro, le había dicho que quería ser espadachina y estaba mirando una espada. Menos mal que no hacía asociaciones demasiado difíciles. Sin embargo, el sonrojo no se le fue tras devolver su mirada a la puerta de madera, a la espera de alguna señal.